
Parece que se confirma, Alberto Ruiz-Gallardón, alcalde de Madrid, ha comido en varias ocasiones con Don Miguel Angel Torres, juez instructor de la llamada «Operación Guateque». La situación es esperpéntica, por no calificarla de escandalosa e indecente; y cuanto menos no es la forma más correcta de colaborar en una investigación.
En un país como España, en donde es frecuente formalizar los negocios o resolver las contiendas con un buen almuerzo, lo sucedido huele a podrido. Cuando no está en modo alguno descartado que el alcalde de Madrid tenga que declarar como testigo en un proceso judicial por la presunta corrupción de unos funcionarios de su ayuntamiento, resulta inmoral el almuerzo, que afecta -y de manera directa- a la credibilidad de la investigación.
Pero el asunto puede tener un trasfondo superior. No podemos olvidarnos que fue el juez Torres quién investigó a Monserrat Corulla, actualmente imputada en el «Caso Malaya»; la misma que se encuentra unida por vínculos de «especial amistad» con el alcalde de Madrid.
El Sr. Gallardón no quiere hablar de su «vida privada», ni de Monserrat Corulla, ni de lo sucedido en su Ayuntamiento… ni de nada que le afecte negativamente; y se siente ofendido cuando se le recuerda su silencio. ¿Cinismo?, ¿hipocresía?. Cada vez me agrada menos esta persona de sonrisa fácil; no me gusta nada lo que oculta.
Pero, ¿quién ha pagado la comida?


