En las últimas 48 horas los acontecimientos se han precipitado, y por mucho que Esperanza Aguirre atribuya los desencuentros a un debate «ideológico» en el seno del PP, lo cierto es que priman los intereses «personales», y la guerra fratricida no ha hecho más que comenzar.
Con distinta munición el fuego cruzado se ha intensificado, y ahora se lucha cuerpo a cuerpo. Mientras Gallardón habla claro al manifestar su deseo de que «Esperanza Aguirre no sea Presidenta del PP», ésta se esconde detrás de su Vicepresidente Ignacio González, que ha lamentado la habitual coincidencia de sus planteamientos entre Gallardón y «Pepiño Blanco«, para insistir en que Esperanza Aguirre «no tiene pensado presentarse«; aunque sin despejar las dudas.
Parece evidente que Mariano Rajoy se ha decidido por Gallardón, a quién a buen seguro incorporará a su equipo de ser elegido Presidente del PP; y ello en detrimento de Esperanza Aguirre, a la que tan solo le quedará -y confiemos que por poco tiempo- la presidencia de la Comunidad de Madrid, y una rabieta clamorosa al llegar al convencimiento de que cuenta con pocos apoyos en el seno del PP; y si tenía alguna duda, ayer se la ha despejado el reforzado Presidente de la Generalitat, Francisco Camps, al afirmar que «todo el PP apoya claramente y sin fisuras a Mariano Rajoy«.
La arrogancia chulesca de Esperanza Aguirre al utilizar la ambigüedad en un momento inoportuno la ha puesto al descubierto, y ya nadie en el PP confía en ella. Pero la guerra continuará mientras que mantenga los apoyos mediáticos de la derecha más reaccionaria de este país; el Mundo de Pedro J. y la COPE de Jiménez Losantos han reforzado su alianza, y ahora se emplean a fondo en criticar permanentemente a Mariano Rajoy; hoy, en la COPE, el calificativo más suave que se le dedicó fue llamarle «calzonazos«. Mientras tanto José María Aznar, en un gesto de cobardía, guarda silencio, para no «desgastarse»; aunque parece evidente que el «aznarismo» tiene lo días contados.
Cuando en un mismo corral mezclas gallos y gallinas de distinto pelaje, el enfrentamiento es inevitable; históricamente la derecha sólo se mantiene unida cuando ostenta el poder, y lo ocurrido en los últimos cuatro años fue una excepción.
La derecha española necesita, para centrarse, que exista un partido a su derecha. La convivencia bajo unas mismas siglas de la ultraderecha, la derecha y el centro moderado, está condenada al fracaso, como lo demuestra la guerra civil desatada en el interior del PP.






