Son los ciudadanos, los mismos que los apoyan o los abandonan, quienes imponen el momento en el que los partidos tienen que someterse a un cambio profundo para mantenerse o subsistir con una mínima dignidad. Esperar indefinidamente anunciando promesas de mudanza, que no llegan, es un grave error que les conduce al suicidio colectivo, y cada día que dejan pasar es una oportunidad perdida.
Se equivocan los socialistas si piensan que su situación de deterioro paulatino se arreglará sola a poco que escampe el temporal; en cierta forma utilizan la misma táctica de Rajoy, que sólo confía en que la situación económica se arregle por sí misma, y espera sentado a que llegue el momento. Se equivocan en consecuencia los dos grandes partidos, que están a punto de perder sus hegemonías en la izquierda y en la derecha, y de ahí a su desaparición solo hay un paso.
El PSOE sigue retraído y acomplejado, metido en su cueva, mostrando una absoluta incapacidad para transmitir confianza para el futuro y una total inoperancia para defenderse de los ataques que recibe por sus “desaciertos” del pasado.
Zapatero cometió errores, porque no supo reaccionar ante una situación inesperada, pero no es el único culpable de la actual situación económica, y eso debe de quedar claro ante la sociedad, para que cada cual asuma sus responsabilidades en su justa medida. La crisis financiera mundial que comenzó a adquirir especial virulencia en 2007 no es culpa de Zapatero, como no lo fue la crisis del euro, y debemos recordar que la principal culpable del actual paro que sufrimos fue la burbuja inmobiliaria, que se originó a raíz de la Ley del Suelo de la época Aznar, que liberalizó la práctica totalidad de los terrenos, y que permitió una especulación galopante, cuyas consecuencias sufrimos ahora. Y ese mismo error lo acaba de cometer el gobierno de Rajoy, aprobando una modificación de la Ley de Costas, que constituye todo un atentado al medioambiente y desembocará en un nuevo proceso especulativo.
Los socialistas están cometiendo un triple error: son incapaces de defenderse de los errores del pasado, la mal llamada “herencia recibida”; demuestran una total inoperancia para ejercer como una auténtica oposición de izquierdas; y no han encontrado la fórmula adecuada para transmitir una mínima ilusión a los ciudadanos, quienes no se creen que sean la esperanza del futuro.
Pero todo tiene solución, que no puede demorarse por más tiempo. El pasado sábado el veterano socialista Ramón Jáuregui daba un ultimátum al PSOE: “O cambiamos o nos cambian“, llamando con ello a una renovación profunda. Renovación en los dirigentes, en su discurso, en su modelo interno, y en especial de cara al exterior, permitiendo que participen quienes no militan en el partido pero están dispuestos a apostar por la nueva izquierda del siglo XXI.
Elección directa de sus dirigentes por parte de sus militantes, designación de sus candidatos con la participación de sus simpatizantes, propuesta inmediata de un cambio legislativo para permitir listas abiertas, elaboración abierta de las líneas programáticas, y lo demás vendrá por sí solo. No se trata de volver a una izquierda clásica, sino de comenzar a construir la izquierda del futuro. Si queremos, podemos.
(La foto del encabezamiento fue tomada en la Playa del Silencio, un lugar idílico que invita a la meditación)












