Uno de los pilares del Estado de Derecho se encuentra en su sistema judicial; si este no funciona correctamente discriminando a los ciudadanos en razón a su origen, status social o posición de poder, aquél se tambalea y su desprestigio puede afectar a las instituciones, y por ende a la credibilidad del sistema democrático, que puede entrar en una crisis profunda de difícil solución, y de ahí al totalitarismo hay un paso.
La decisión de la Audiencia de Mallorca de suspender la imputación de la infanta Cristina, por esperada, ha sorprendido a muy pocos, pero ha escandalizado a la mayoría de los ciudadanos, al dejar impune una conducta reprochable moralmente y con suficientes indicios para poder considerarla delictiva. Eso sí, los magistrados que han tomado tal decisión, quizás porque aún les queda un poco de vergüenza, piden que se siga investigando e insinúan que la infanta puede haber incurrido en un delito fiscal y en un delito de blanqueo de capitales, y hasta uno se ha atrevido a emitir un voto particular, por lo que en conjunto creen haber salvado aparentemente sus conciencias, aunque sea a costa de perder su dignidad.
La credibilidad del fiscal, recurriendo un auto de imputación, algo insólito en la justicia cotidiana (no he visto nada igual en 38 años de ejercicio profesional como abogado), ha quedado bajo mínimos. Y al mismo nivel puede posicionarse la Abogacía del Estado, que debe de velar por el bien común, y lejos de ello se ha posicionado defendiendo los intereses personales de una presunta delincuente, que fue capaz de comprar y amueblar el Palacio de Pedralbes, sin saber cómo lo podría pagar. Tonta no es.
Me avergüenza el servilismo de los dos grandes partidos (PP y PSOE), que celebran la “buena noticia”, como si de un triunfo se tratase, lo que demuestra que la anunciada regeneración democrática es una pura falacia, ya que sus mentes siguen dormidas y enfermas de poder. ¿Por qué tanto peloteo y tanta sumisión a la Familia Real, pase lo que pase?.
Pero quizás la Monarquía es la institución más dañada. Inmersa en casos de supuesta corrupción, ahora se confirma una vez más que es intocable, impune e inviolable. ¿A eso se refería Don Juan Carlos cuando afirmó que la justicia es igual para todos? Nos están haciendo pasar a todos por tontos, y tarde o temprano a la ciudadanía se le acabará la paciencia y se alzará contra tanta hipocresía y abuso de posición dominante. Esto se parece cada vez más a una monarquía bananera, incompatible con un sistema democrático.
A partir de ahora cada vez que un ciudadano sea llamado a declarar como imputado, como paso previo a una investigación judicial, por el mero hecho de haber sido denunciado, podrá preguntarse: ¿Y por qué a mi sí y a la infanta Cristina no?. La respuesta es muy sencilla: porque es la hija del Rey, ni más ni menos, y la “justicia” la protege. Y así nos va.













