Tag: Reflexiones

Las cosas no son como nos las cuentan

iratiatardecer01

Cada día es más difícil fiarse de los principales medios de comunicación, controlados, manejados y supeditados a los intereses económicos de la oligarquía financiera, que parece imponerse a la política y  consideran la democracia como un enemigo a abatir. Es más, sabedores de que los lectores se dejan llevar por los titulares alarmistas, tan solo dibujan la realidad,  de manera extorsionada, en la letra pequeña, aquélla que solo leen los que ya tienen un pensamiento definido y no se dejan manipular.

La mayoría de los medios, a excepción de los minoritarios, que no se dejan arrastrar por cantos de sirena, se han convertido en especuladores de la tergiversación. Precisan imponer el pánico, o cuanto menos la duda, para mantener un clima lo suficientemente tendencioso como para que el miedo y el terror a nuestro futuro se convierta en el perfecto caldo de cultivo para conseguir la sumisión y docilidad a los mercados, los verdaderos dueños de nuestros destinos.

Los griegos, por culpa de las decisiones de unos políticos que curiosamente eran de derechas, llevan sufriendo en sus entrañas desde hace años sus consecuencias desastrosas, y se han adaptado a vivir con lo mínimo hasta que lleguen tiempos mejores. Lo ocurrido en los últimos días no es un drama, como se está tratando de vender en Europa, sino un capítulo más de su aniquilamiento por resistirse a poner  precio a su dignidad como ciudadanos. La tranquilidad reina en las calles de sus ciudades, el cobro de las pensiones y los salarios está garantizado, y no son tales las colas que se dice se forman en su cajeros, entre otros motivos porque a la mayoría ya no les quedan fondos de los que disponer; tan solo se pretende frenar la huida de capitales fuera del país. Y  solo esperan a que llegue el  día 5 de julio para tener la posibilidad de expresar su opinión, y decidir su futuro en libertad.

Pero ahora los que tiemblan y se preocupan son los mercados, temerosos de que el órdago voraz se vuelva contra ellos, y tengan que rectificar para salvarse. No les queda otra opción que acudir a un cambio de estrategia, y deben de elegir entre cobrar menos y de forma más pausada, o no cobrar y ser engullidos por su propia avaricia. La solución aún está por llegar, pero los mercados se hunden, y Europa sin Grecia se desmorona y pierde credibilidad fuera de sus fronteras. Syriza ha jugado en desventaja su peculiar partida de ajedrez,  pero puede que esté a punto de dar el jaque mate a la mismísima Troika, que se verá obligada a rectificar su postura.

Una seria advertencia: si los ciudadanos no ganamos esta batalla, nos convertiremos definitivamente en los esclavos del siglo XXI, y la política y la democracia dejará de tener sentido en nuestras vidas. Es un problema de supervivencia, o ellos o nosotros.

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Los griegos se merecen un respeto

birmania087

“En un mundo en donde los millonarios cada día son más ricos, y los infortunados cada vez más pobres, y en el que participar en democracia resulta más que inútil, porque quienes mandan de verdad no han sido elegidos en las urnas, resulta muy desilusionante -aunque lo observemos a distancia- comprobar cómo  los mercados y el dinero se comen las ilusiones y esperanzas del pueblo griego, que parece condenado a vagar en la penuria durante décadas, por culpa de unos especuladores sin sentimientos a quienes nuestros gobernantes les rinden pleitesía.

Tal parece que vale más un puñado de euros que una vida humana, convirtiendo en mercancía los sentimientos a costa de sobrevalorar lo material. Pero lo mas desolador es que la falta de reacción humana, cuando la solidaridad de los europeos se hace esperar hasta la impotencia. Los dueños de nuestros destinos nos han enseñado a ser egoístas y a no tener tiempo de pensar en los demás; y  nuestra sociedad ha entrado en una decadencia insoportable, de muy difícil solución a medio plazo. Nos hemos convertido en los esclavos de un neoliberalismo enfermizo, que carece de alma, e incluso de cuerpo, pero que está presente en nuestras vidas, hasta el punto que se ha adueñado de nuestros sentimientos, convirtiéndonos en simples traficantes de lo material.

los griegos no tienen la culpa de sus actuales desgracias, pero las sufren como los que más, hasta el punto de que se les imponen  unos recortes y  unas políticas de austeridad que pueden convertirse en la estocada final, al ser incompatibles con la supervivencia. Es miserable tratar de limitar las pensiones de los que menos tienen, y más lo es aumentar la carga impositiva a su principal fuente de ingresos, el turismo. Se trata de humillarles hasta la extenuación, por motivaciones en algunos casos políticas, para que todos sepamos lo que nos puede ocurrir si osamos revelarnos contra los mercados y apostamos por alternativas revolucionarias.

Los ciudadanos tenemos que librarnos de esas ataduras, adobadas por el miedo a nuestro futuro inmediato,  que nos impiden ver la realidad que sufre el pueblo griego. Si no nos rebelamos, podemos ser los próximos, y cuando queramos reaccionar será ya tarde. Cada vez se hace más necesaria una revolución pacífica, cultural, para recuperar los principios y valores de una sociedad  en crisis; puede que ya haya comenzado, pero aún está en pañales; perseveremos en el intento y pronto veremos los primeros frutos. Querer es poder, pero no esperemos que los demás hagan lo que es nuestra obligación.”

Unas horas después de escribir estas reflexiones, Tispras ha convocado un referendum para que todos los griegos decidan su destino. El pueblo griego, antes de sufrir la última humillación,se enfrenta a la oligarquia financiera, y decidirá en las urnas su futuro. Debemos de estar todos con su decisión final.

 


El himno nacional, la libertad de expresión y las bandas criminales

Los actuales dirigentes de la  televisión pública, pagada por todos, han  regalado a Ernesto Sáenz de Buruaga, afin a la ideología más reaccionaria del país, el programa “Así de claro”, de producción privada, para que satisfaga su ego seudofascista, invitando a comentaristas afines a su credo político. Buen ejemplo de “pluralidad ideológica”, que puede llegar a tener connotaciones criminales, y convertirse en un delito de malversación de caudales públicos.

Lo curioso es que uno de los temas de esta semana, que motivó una obvia unanimidad, se refería a los pitos dedicados por una parte del público al himno nacional durante la final de la copa del Rey en el Camp Nou. Trasladar este suceso previsible a la Comisión Antiviolencia, y que ésta lo remita a la Fiscalía General del Estado por si tuviese  consecuencias delictivas, parece un despropósito de tal magnitud que raya el ridículo, si no fuese porque en alguna medida está atentando a uno de los derechos constitucionales más sagrados, como es el de la libertad de expresión.

Lo llamativo es que el propio Pedro Sánchez, un republicano de boquilla que se arrodilla ante la institución monárquica, se suma a este cúmulo de despropósitos llamando al Rey Felipe VI para pedirle disculpas, ante el ultraje recibido. Y en este país muchos, demasiados, parecen rasgarse las vestiduras ante lo que no pasa de ser una mera anécdota, más o menos desafortunada; hasta el punto de que Carlos Floriano, el ilustre portavoz del PP, pide cambios legislativos. ¿Para qué?, ¿para llenar nuestras cárceles de desaprensivos independentistas que han osado tocar un pito?. Nuestro sistema democrático nunca será mayor de edad con personajes como éstos,  que están convirtiendo nuestro país en una monarquía bananera.

La semana pasada José de la Mata, el  magistrado que ha sustituido a Pablo Ruz en el Juzgado Central de Instrucción nº 5 de la Audiencia Nacional, consideraba,  en una resolución dictada en una de las piezas del “caso Gürtel”, que el  Partido Popular había actuado como una “banda criminal”.  Lo curioso es que el Presidente del PP, es a su vez el Presidente del Gobierno, y no ha dimitido ni se ha ruborizado por estar al frente de un colectivo seudomafioso. ¿Acaso alguien ha sugerido que se cambie la legislación para que nunca más se produzca una situación tan bochornosa?. Tal parece que es más grave tocar un pito que robar, supuestamente, al sufrido ciudadano. Y así nos va.

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Todavía Podemos

Quien piense que Podemos es Pablo Iglesias, o Íñigo Errejón, o Juan Carlos Monedero, se equivoca. Podemos surge del 15M y es un movimiento ciudadano harto de ser engañado y manipulado por los partidos y  los políticos de siempre, que se forran a costa del dinero de todos. Porque la casta no significa aspirar al poder, que es legítimo, sino perpetuarse en él, y conseguir privilegios a los que no pueden aspirar el resto de los mortales.

Podemos es un movimiento mayoritariamente de izquierdas, pero en donde caben todos cuantos piensen que la decencia y la dignidad de los ciudadanos son innegociables en política; de ahí su transversalidad. Y es todo lo contrario a la inmoralidad, a la manipulación, al  engaño como método para aspirar al poder. Quienes piensen que la corrupción surge de conductas individualmente reprochables, se equivoca; son mafias estructuras, apoyadas por organizaciones políticas, que permiten que caigan algunos peones para salvarse los más poderosos. Esperanza Aguirre dice que no se ha quedado con un solo euro; es posible, como lo es que ha permitido que sus personas de confianza lo hiciesen, y que su partido se financiase de forma ilegal. Pero tiene una mente corrupta, muy ambiciosa sin escrúpulos, y  ha llegado al poder con  trampas (recordemos el tamayazo)… Eso es su forma personal de enriquecerse.

Cuando Podemos comienza a crecer, muy pocos se lo tomaron en serio, y los dirigentes de los dos grandes partidos pensaron que sería flor de un día, y nada más. Pero cuando las encuestas, un mes sí y otro también, comenzaron a situar a Podemos en primera línea, PP/PSOE, con el apoyo de sus medios de comunicación afines, que son todos, deciden comenzar una guerra sucia para demonizar y desprestigiar a la nueva formación política, hasta límites escandalosos, que ya ha tenido sus frutos; son muchos los privilegios que se juegan, y no están dispuestos a perderlos, y para ello no tienen inconveniente en usar toda la maquinaria del poder, que está en sus manos.

Ciudadanos no  se pone de moda por casualidad. Son los dos grandes partidos los que deciden promocionarlo, como mal menor, para contrarrestar la fuerza imparable de Podemos, convirtiéndolo en la marca blanca de la casta. Y una vez más los ciudadanos, con minúscula, comienzan a caer en la trampa del bipartidismo. El cerebro humano es como el chicle, y por ello maleable, y existen auténticos especialistas en conseguir manejarlo en beneficio propio.

Muy pronto comprobaremos cómo Ciudadanos, ese partido que quiere cambiar el mundo, comenzará a pactar o apoyar a ayuntamientos y comunidades, a espaldas de los ciudadanos y en beneficio del bipartidismo de siempre; y cuando esto suceda nos daremos cuenta que nos han engañado de nuevo los mismos de siempre, que nos seguirán robando y manipulando, mientras continúan engrasando las puertas giratorias.

Pero aún estamos a tiempo a recuperar la conciencia social, porque la recuperación debe ser para todos y no para los de siempre.  Si nos dejamos manipular otra vez muy pronto será tarde, y las lamentaciones ya estarán fuera de lugar. Pero todavía Podemos, y es muy posible que sea nuestra última oportunidad para conseguirlo.


Solo mueren los pobres

La tragedia que sufre estos días el pueblo nepalí produce escalofríos; pero las nuevas tecnologías, que permiten visionar casi en directo las consecuencias del terremoto, pueden socavar nuestra ya maltrecha sensibilidad, hasta llegar a confundir realidad con ficción. Si a eso unimos la distancia, todo esto se quedará en una noticia asumible, soportable, y fácil de olvidar en muy poco tiempo.

A José Manuel García-Margallo, nuestro empalagoso ministro de Asuntos Exteriores, le ha pillado en Delhi, y desde un lujoso hotel de la capital de la India ha dicho “yo no me muevo de aquí hasta que estén fuera  todos los españoles que quieran“; gesto admirable de patriotismo, muy oportuno en época preelectoral. Pero, ¿que nos dice de los miles de muertos nepalís?; al menos podría haber tenido un gesto solidario, que es gratis, y comprometer ayudas para el futuro, que no van a distorsionar nuestro “crecimiento” económico.

Nos estamos olvidando que, como siempre ocurre en este tipo de tragedias, casi todos los muertos pertenecen a las clases más bajas, integradas por los que no pueden costearse una vivienda que resista estos fenómenos naturales; los más infortunados en uno de los países más pobres del mundo. Muy pronto los muertos pasarán a ser un número estadístico, las ayudas que se prometan nunca llegarán, y esperaremos la próxima tragedia para llenar las paginas de nuestros periódicos y los telediarios, para hacer alardes de lo buenos y caritativos que somos. Triste realidad que nadie quiere cambiar.

(La fotografía fue tomada en Katmandú, durante un viaje realizado a Nepal en agosto del 1998).


Reflexiones sobre el terrorismo yihadista

cabeceramanifestacion

El sentido del humor es una de las mejores armas de convivencia social para compartir espacio en comunidad, en la que las discrepancias ideológicas y religiosas son una de sus esencias. Ser capaces de reírnos de nosotros mismos o de satirizar situaciones o comportamientos  con los que discrepamos  puede llegar a ser una manera de suavizar diferencias; pero no todos tienen por qué entenderlo y debemos aceptarlo. Por eso comprendo las palabras del Papa Francisco, que está demostrando tener más sentido común que nuestros gobernantes, cuando la pasada semana afirmó que la libertad de expresión tiene sus límites y no se puede ofender ni ridiculizar la religión de los demás, al referise a las viñetas de Charlie Hebdo, que han motivado uno de los atentados terroristas más sangrientos de los últimos años.

El atentado de París en un acto terrorista salvaje,  condenable e injustificable, por muchas viñetas que se hayan publicado en la revista satírica parisina ofendiendo a Mahoma, que por cierto personalmente no me hacen ninguna gracia. Pero eso en modo alguno justifica una masiva movilización ciudadana en favor de la libertad de expresión,  que puede estar convirtiéndose en una manipulación masiva promovida por nuestro gobernantes para justificar unos cambios legislativos realizados a toda prisa, que solo conducen a un recorte de nuestras libertades y derechos ciudadanos, por mucho que se empeñen en afirmar lo contrario.

En un Estado de Derecho el  terrorismo yihadista se combate aplicando la ley y con sentido común, y ya disponemos de fuerzas de seguridad y normas legales suficientes para afrontar cualquier situación que pueda producirse. Modificar nuestro Código Penal cada vez que se comete un delito, por muy grave que sea éste, solo demuestra que no todo lo tenemos previsto o que nuestra capacidad de improvisación es insaciable, y no es así.  Salvo que nuestros gobernantes solo pretendan obtener réditos políticos a corto plazo, amparándose en el desconcierto que generan estas situaciones en la ciudadanía. En nuestro entorno más cercano, ese aparente pacto PP-PSOE no pretende otra cosa que fortalecer un bipartidismo en crisis, creando la apariencia de que solo ellos son capaces de defender nuestro país.

Lo que sí debemos tener muy claro es que el yihadismo no se combate promocionando enfrentamientos bélicos por motivos exclusivamente económicos, como ha ocurrido en la gran mentira que fue la guerra de Irak; ni manteniendo abierto desde hace más de catorce años el Centro de detención de Guantánamo, en el que ya sabemos se han retenido sin acusación formal alguna, sin derechos y sin juicio,  a cientos de ciudadanos que han sido sistematicamente torturados, y que se ha convertido en uno de los casos más flagrantes de violación de derechos humanos de las últimas décadas. ¿No es admisible pensar que alguien nos puede odiar por ello?.

Dividir el mundo entre buenos y malos, pensando que los que vivimos en paises más prósperos gozamos de la verdad absoluta por el hecho de tener más, es un error histórico que nunca corregiremos si nuestra soberbia no se suaviza con una buena dosis de humildad y sentido común. Por cierto, la calle es de los ciudadanos y nuestros gobernantes están para solucionar los problemas y no para encabezar protestas;  en cierto modo, bajo la excusa de un salvaje atentado, estamos asistiendo a una involución, y eso no es bueno para nuestros derechos democráticos, que muchos se empeñan en controlar y recortar.

Solo reflexionando de verdad y corrigiendo errores cometidos en el pasado reciente podremos buscar soluciones. En otro caso, solo encontraremos más de lo mismo; aunque a más de uno el enfrentamiento le favorece política y económicamente, y no duda en fomentarlo.

(Publicado en elplural.com).


Estado policial

estadopolicial

Si ahora nos quejamos de que las libertades ciudadanas están siendo perseguidas por el gobierno de Mariano Rajoy, qué diremos cuando se vean las consecuencias reales de la Ley de Seguridad Ciudadana aprobada con el exclusivo apoyo del PP. Muy pronto los desahucios, que a diario se llevan a cabo por parte de los bancos contra personas que están sufriendo la marginación social por culpa de la crisis, ya no serán noticia, porque nadie se atreverá a protestar o tratar de impedir que se ejecuten, por miedo a que les impongan una multa millonaria; ni se podrá salir a la calle en protesta espontánea contra las injusticias sociales y laborales que a diario se cometen, para evitar una dura sanción; y mucho cuidado con el contenido de las pancartas que se exhiban en una manifestación legal, no sea que ofendan a nuestras autoridades y apliquen la conocida como “ley mordaza”.

Ni en los últimos años de la dictadura franquista se impuso una ley tan represiva como la aprobada la pasada semana. Pero esta situación no ha llegado sola, y son culpables muchos de los que ahora protestan. Dar el poder absoluto a un partido con convicciones ideológicas antidemocráticas tiene su precio, y ahora lo pagaremos todos, menos ellos; quedarse en casa, como hacen la mayoría de los ciudadanos, sin evidenciar una oposición a los abusos de poder que se están produciendo, les envalentona aún más para humillarnos. Lo que no entiendo es cómo nuestra sociedad, salvo puntuales excepciones, puede permitir esto, a no ser que estemos conformes con la represión ideológica y la pérdida de derechos consagrados en nuestra Constitución.

A partir de ahora los atropellos policiales podrán cometerse con absoluta impunidad, y ya no habrá una foto ni un vídeo tomado por un honrado ciudadano que permita conocer la verdad, para que se haga justicia. Porque enfocar a un grupo de policías que puedan estar pegando una paliza a alguien en plena vía pública, y de esto tenemos algunos ejemplos muy clamorosos en los últimos tiempos, está sancionado con multas muy cuantiosas. Sin embargo podrás acudir a un juicio si has sido testigo de un abuso de autoridad, pero en este momento descubrirás que, por ley, la palabra del funcionario de policía vale más que la tuya. Hasta tiene más valor la palabra del guardia civil detenido por pertenecer al Frente Atlético, que la nuestra.

Mientras desayuno, en el mismo diario, leo en la prensa que varios trabajadores de Arcelor Mittal pueden ser condenados a cinco años de prisión por disturbios producidos durante una protesta laboral. Paso la página y me entero de que un tal Rato, que nos engañó a todos cuando presidía Bankia, lo que ha supuesto desembolsar miles de millones de euros procedentes de nuestros bolsillos,  goza de plena libertad, y hasta se permite el lujo de viajar a Suiza con frecuencia, “no sabemos a qué”, dado que ni siquiera se le ha retenido el pasaporte. ¿En qué hemos convertido nuestro país?; en una vergüenza nacional, para sonrojo de propios y extraños.

¿Y qué dicen los jueces a todos esto?. Muchos no se atreven a actuar, otros ya hacen bastante con perseguir  con escasez de medios la corrupción  de quienes nos gobiernan, pero a partir de ahora quedarán anulados por ley para intervenir en todo cuanto se regula en la Ley de Seguridad Ciudadana, dado que el control de las infracciones lo tendrá la propia administración, que se convertirá en juez y parte, dejando a los ciudadanos en una completa indefensión. Y todo esto lo hacen quienes por la mañana defienden la Constitución y por la tarde la vulneran.

La calle ya no es de los ciudadanos, porque hemos dejado que otros se apoderen de nuestro espacio;  pero al menos nos queda la palabra,  que debemos de usar para defender nuestros derechos y denunciar las injusticias antes de que nos corten también la lengua, que a buen seguro lo intentarán; que nadie lo dude.

(Publicado en elplural.com y en Asturias24)


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