El pasado 23 de julio pitoniso SInLaVeniA rellenaba su propia quiniela sobre nuestro futuro político y económico hasta finales del 2011 y, entre otras predicciones, pronosticaba:
–”La huelga general traerá consigo una crisis de gobierno, que permitirá a Zapatero una remodelación a fondo, con la incorporación de pesos pesados...”.
–”El cambio de gobierno situará a Rubalcaba como nuevo vicepresidente primero…”.
–”Zapatero conseguirá aprobar los presupuestos para 2011 con el apoyo del PNV…”.
Tres meses después -con algunos matices- las predicciones se han cumplido, y se ha despejado el camino para que pueda agotarse la legislatura con una mayoría suficiente para llevar a cabo las reformas necesarias para superar la crisis económica; y todo ello se hará con un gobierno fuerte, con buenos fajadores, que sabrán responder con contundencia a los ataques de la derecha.
A Rajoy, carente de reflejos para las sorpresas, la noticia le ha cogido con el pie cambiado, y a la importante remodelación gubernamental tan solo ha contestado solicitando un adelanto electoral, olvidándose de que esto solo puede suceder cuando un gobierno queda en minoría. Tan paciente como es Don Mariano para tomar sus propias decisiones, debería de saber que le toca ahora esperar año y medio para convertirse de nuevo en jefe de la oposición.
Lo ocurrido en las últimas 48 horas supone una inyección de moral para los militantes socialistas que se hace extensible a quienes apoyamos su proyecto, incluso en los peores momentos. La aprobación de los presupuestos y el fortalecimiento del gobierno con nuevas caras es un cambio de rumbo para mejor, y en especial para tomar la iniciativa de la política nacional. Solo es preciso esperar y confiar en que todo mejore a partir de ahora, a sabiendas de que nos esperan aún unos meses duros que hemos de superar.
Por cierto el cambio de gobierno le ha sentado muy mal a la prensa reaccionaria, hasta el punto de que Pedro J. ha hablado incluso de involucionismo y ahora trata de demonizar a Rubalcaba, acusandole de todo los males pasados, presentes y futuros. Mal perder tiene nuestra derecha cuando se desbaratan sus planes.













