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El pasado domingo 12 de febrero, convocados por la PLATAFORMA CONTRA LA IMPUNIDAD DEL FRANQUISMO, miles de madrileños se concentraron ante la sede del Tribunal Supremo para protestar contra los juicios de la vergüenza y en apoyo al juez Garzón, víctima de una persecución orquestada para poner fin a su carrera profesional. Ya han conseguido su objetivo, pero no han podido quebrar su dignidad e integridad. Entre los presentes se encontraban Gaspar Llamazares, que está dispuesta a pedir cuentas a Divár por el desprestigio que está sufriendo la Justicia.
También asistió, pese a su avanzada edad, Marcos Ana, un símbolo de la cultura antifascista, que paso 23 años en la cárcel por sus ideas, y que cree que “el pasado franquista sigue en los entresijos del Estado“
“Todo huele mal en este Tribunal”, gritaban muchos de los concentrados, indignados por el atropello que está sufriendo Baltasar Garzón. recientemente condenado a 11 años de inhabilitación.
Los asistentes reivindicaron su derecho a criticar abiertamente el contenido de la Sentencia ya dictada, al amparo del derecho a la libertad de expresión. Es llamativa la cínica postura del PP, pidiendo respeto a la decisión del TS, cuando son ellos y sus corruptos los máximos beneficiados del fallo manifiestamente injusto, que ha vulnerado el derecho de defensa del magistrado condenado, al habérsele rechazado la práctica totalidad de las pruebas propuestas.
(Damos las gracias a Paco López por representarnos en la concentración y enviarnos este reportaje fotográfico).
Tiene razón Esperanza Aguirre, fiel representante del fascismo democrático del siglo XXI, cuando afirma que “el fin no justifica los medios“, aunque lo haga burlándose de Garzón y mofándose de la izquierda, y se olvide en su “brillante” intervención del día de ayer que son decenas los cargos públicos del PP de la Comunidad de Madrid los que se encuentran imputados en el “caso Gurtel”, y que los principales encausados en esta trama -asistentes como invitados especiales a la boda de la hija de Aznar- habían convertido la Comunidad que preside, en un reino de taifas. Pero se equivoca en el fin y en los medios.
Garzón, que no es un santo pero tampoco un delincuente, investigaba una trama corrupta de largo recorrido y alcance nacional, bajo la sospecha de que encubría la financiación ilegal del Partido Popular y paralelamente había contribuido a que decenas de chorizos se apropiasen para sí ilegalmente de dinero público. El fin de la instrucción era descubrir a sus autores y los medios no eran otros que la obtención de las pruebas precisas para demostrar su culpabilidad. No era su misión juzgarles sino investigarles, ya que serían otros Juzgados o Tribunales los encargados de hacerlo, los mismos que resolverían mediante los recursos pertinentes la validez de las pruebas practicadas ante la Audiencia Nacional, declarando en su caso su nulidad, como así hizo con las escuchas el Tribunal de Justicia de la Comunidad de Madrid, y no precisamente por unanimidad.
La investigación de los hechos no fue pacífica, por cuanto el PP se dedicó desde un principio a atacar sin piedad la figura de Garzón con constantes denuncias al Consejo General del Poder Judicial, interpretando Federico Trillo el papel principal en esta oscura misión: el fin era tapar las vergüenzas de los conservadores y los medios los necesarios para tratar de torpedear la instrucción, valiéndose de denuncias infundadas, siempre con la ayuda “desinteresada” de sus palmeros mediáticos.
En un momento dado, la policía sospecha de que algunos letrados se prevalen de su condición de togados para colaborar desde el exterior con los cabecillas de la trama y así tratar de ocultar el botín obtenido, se lo comunican a Garzón, y éste decide investigar estos nuevos hechos supuestamente delictivos, acordando las escuchas de todas las comunicaciones de los detenidos, con el visto bueno del fiscal. El fin era evitar que desde la cárcel pudiesen desviar el dinero obtenido ilícitamente; y los medios no eran otros que la obtención de las pruebas mediante las escuchas, únicas posibles para el fin perseguido. Si hubo un exceso de celo en el instructor parece coherente su anulación, pero de ahí a convertirle en delincuente y apartarle dela carrera judicial existe un abismo.
Pero la derecha no se conforma con la nulidad de las escuchas, ya que en sí misma no paraliza la investigación por otros medios y sus efectos son muy escasos. Por eso se proponen la ambiciosa labor de anular al juez instructor acusándole de prevaricación, para así contaminar toda la investigación; encargándose de tal misión los propios cabecillas de la trama corrupta. El fin no es otro que enterrar para siempre el “caso Gurtel”, obteniendo la impunidad de todos los responsables, y ocultando una vez más la financiación ilegal del PP con dinero público (ya lo lograron en el año 1990 en el “caso Naseiro”, con la colaboración del T.S.); y el medio consiste en acabar con la carretera judicial del juez que se atrevió a juzgar una trama mafiosa (en Italia es peor, porque incluso los llegan a matar), acusándolo de prevaricador, hasta conseguir una sentencia de condena, como así ha ocurrido.
La sentencia del TS, con sus graves acusaciones contra el Juez Garzón, parece tener la intención de contaminar todo el proceso, y puede ser la clave para conseguir la nulidad del caso Gürtel, como ya se ha encargado de anunciar a las pocas horas de conocerse uno de los abogados defensores. El fin ya lo tienen al alcance de la mano, y con los medios utilizados, nuestros sistema judicial ya ha perdido la poca credibilidad que aún le queda.
Se ha pagado un precio muy alto para que la corrupción masiva del PP se entierre definitivamente en una fosa, y sus responsables queden impunes y con el dinero en sus bolsillos; y lo triste es que pronto quedará todo en el “olvido”. Nuestra derecha es corrupta por naturaleza, y sin apenas despeinarse utilizan impunemente todos sus resortes para conseguir sus objetivos. Pero lo más lamentable es que los ciudadanos lo aceptan con naturalidad, y hasta le conceden el poder absoluto para que nos roben sin recato alguno.
Estamos convirtiendo nuestro país en una puta mierda, y por mayoría absoluta.
Cuando un hija se siente orgullosa ante la trayectoria profesional de su padre, y es capaz de expresarse publicamente, merece la máxima difusión. La hija de Baltasar Garzón se dirige con ésta carta a los que se sienten triunfadores con la condena sufrida INJUSTAMENTE por su padre:
“Esta carta está dirigida a todos aquellos que hoy brindarán con champán por la inhabilitación de Baltasar Garzón.
A ustedes, que durante años han vertido insultos y mentiras; a ustedes, que por fin hoy han alcanzado su meta, conseguido su trofeo.
A todos ustedes les diré que jamás nos harán bajar la cabeza, que nunca derramaremos una sola lágrima por su culpa. No les daremos ese gusto.
Nos han tocado, pero no hundido; y lejos de hacernos perder la fe en esta sociedad nos han dado más fuerza para seguir luchando por un mundo en el que la Justicia sea auténtica, sin sectarismos, sin estar guiada por envidias; por acuerdos de pasillo.
Una Justicia que respeta a las víctimas, que aplica la ley sin miedo a las represalias. Una Justicia de verdad, en la que me han enseñado a creer desde que nací y que deseo que mi hija, que hoy corretea ajena a todo, conozca y aprenda a querer, a pesar de que ahora haya sido mermada. Un paso atrás que ustedes achacan a Baltasar pero que no es más que el reflejo de su propia condición.
Pero sobre todo, les deseo que este golpe, que ustedes han voceado desde hace años, no se vuelva en contra de nuestra sociedad, por las graves consecuencias que la jurisprudencia sembrada pueda tener.
Ustedes hoy brindarán con champán, pero nosotros lo haremos juntos, cada noche, porque sabemos que mi padre es inocente y que nuestra conciencia SÍ está tranquila.”
Hoy hemos vuelto a contemplar el triste espectáculo de quienes se irrogan el derecho a ser dueños de nuestra justicia, preparan juicios a la carta, e interpretan a su imagen y semejanza la Ley de Enjuiciamiento Criminal, en un intento de cubrirse sus carencias, que conducirían a la nulidad de sus instrucciones. Con la persecución de la que está siendo víctima Baltasar Garzón, Ramón María del Valle-Inclán tendría un buen argumento para escribir uno de sus esperpentos; pero, a falta de tan insigne dramaturgo, nos bastamos los que aún creemos en la justicia para denunciar una auténtica tropelía, que tendrá consecuencias irreparables en la credibilidad de nuestro sistema judicial.
Suscribo lo afirmado por el Fiscal Luis Navajas recientemente cuando, refiriéndose al magistrado Luciano Varela, calificaba su instrucción de “absolutamente insólita e insostenible“, llegando a afirmar que en 36 años de ejercicio profesional no había visto nada igual. Por mi parte puedo afirmar que en 37 años y cinco meses practicando la abogacía ningún juez me ha devuelto un solo escrito dándome indicaciones de cómo debería redactarlo para conseguir el resultado pretendido, entre otras razones porque ni la Ley de Enjuiciamiento Criminal ni la propia doctrina del Tribunal Supremo lo permiten.
En democracia el principio de seguridad jurídica adquiere una especial relevancia para que el estado de Derecho se consolide y sea respetado por todos. Pero cuando tal principio se fractura aplicando la “doctrina Botín” o la “doctrina Atutxa” según les convenga, comenzamos un camino sin retorno que conduce a la nada; y la nada es injusticia, abuso de poder, dictadura, totalitarismo; y de aquí a la inquisición solamente hay un paso, que parece hemos dado esta misma mañana.
En el juicio por tener el atrevimiento de investigar los crímenes del franquismo, hoy Garzón se negó a contestar a las acusaciones particulares por entender que no estaban legitimadas para acusarle, y fundamentó su defensa en el hecho de que como juez estaba “obligado” a investigar por entender que había existido una sistemática eliminación de personas durante la dictadura de Francisco Franco, afirmando que los delitos contra la humanidad nunca prescriben; llegando a comparar su instrucción con la llevada a cabo el magistrado Ismael Moreno sobre “criminales de guerra nazis” sin la oposición del fiscal; y manteniendo que había actuado como lo hizo en el caso Pinochet.
En la calle cientos de personas pedían justicia, sospechando que el Tribunal Supremo lo tiene todo atado y bien atado, y que la máquina judicial, desbocada por el ajuste de cuentas y la venganza, no se detendrá hasta acabar con la carrera judicial de Garzón; aunque no pueden juzgar su prestigio y su decencia, y eso les duele, y mucho, a quienes tras cumplir hoy con su “deber”,volverán a sus casas en soledad, y hasta es posible que con remordimientos de conciencia. Un juez puede equivocarse, y no por ello se convierte en un delincuente, pero si actúa por vendetta al margen de sus principios, ¿en qué se convierte?. Que cada uno busque la respuesta más adecuada.
Por cierto, la justicia no tiene dueño, es de todos y nadie puede apropiarse de ella en un sistema democrático, que cada vez parece serlo menos.
(Una vez más dedico la foto a las víctimas del franquismo)
Vengan aquí y observen,
es el tinglado de la nueva farsa,
la toga sucia y el culpable limpio.
(Luis García Montero)
Miles de personas, muchas canas y muy poca juventud, así puede resumirse la multitudinaria manifestación que ayer se celebró en defensa del Juez Garzón, bajo el lema “Contra los juicios de la vergüenza“. La cacería orquestada por el Tribunal Supremo contra Baltasar Garzón, por perseguir la corrupción del PP y defender la memoria de las víctimas del franquismo, demuestra que el país sufre una crisis de valores, impropia de una democracia que se dice consolidada, que pone en entredicho nuestro sistema judicial. Desde el momento en que se tiene la convicción generalizada de que todo esto es una venganza, se está admitiendo que la catadura moral de quienes la han promovido ha convertido España en un país bananero, y fuera de nuestras fronteras nuestra justicia ya no es respetada por nadie. Hace 48 horas Carme Chacón manifestaba que “algo falla” cuando está un juez como Baltasar Garzón “sentado en el banquillo“.
Entre los asistentes se encontraban Cayo Lara, Cándido Méndez, Ignacio Fernández Toxo, Marcos Ana, Pedro Zerolo, Pilar Bardem, Lola Herrera, Juan diego Boto, Luis García Montero y Almudena Grandes.
Y también pudimos identificar a José Sacristán, Fernando Guillen y Marisa Paredes
La marcha terminó con la lectura por parte de Luis García Montero de su poema La farsa:
Son malos tiempos para la justicia.
Vengan a ver la farsa,
el decorado roto, la peluca mal puesta,
palabras de cartón y pantomima.
Son malos años para la justicia.
Como el mar no es azul,
los barcos equivocan la cuenta de sus olas.
Como el dinero es negro,
la moneda menguante de la luna
ha pagado el recibo de la noche.
Son malos meses para la justicia.
Se citaron el crimen y el silencio,
no descansan en paz los perseguidos,
el ladrón y el avaro se reúnen
y la ley no responde a la pregunta
de la bolsa o la vida.
Son malos días para la justicia.
Más de cinco millones de recuerdos
naufragan con sus nombres en la cola del paro.
Los vivos han perdido la memoria
y los muertos no tienen donde caerse muertos.
Son malas horas para la justicia.
La política sueña
una constitución en la que refugiarse.
Los periódicos piden
una buena noticia que llevarse a la boca.
El poeta no encuentra
las palabras que quiere para decir la verdad,
reparación, historia,
porque son malos tiempos,
porque los tribunales
se han sentado a cenar en la mesa del rico.
Vengan aquí y observen,
es el tinglado de la nueva farsa,
la toga sucia y el culpable limpio.
La pasada semana juzgaban a Garzón por tener la “osadía” de investigar la corrupción de nuestra derecha en el caso “Gürtel”; esta semana se sienta de nuevo en el mismo banquillo de los acusados, pero en esta ocasión por tener la “osadía” de intentar investigar los crímenes del franquismo. En ambos juicios existen dos personajes que repiten: el Ministerio Fiscal, que no acusa y solicita en los dos procedimientos penales la libre absolución; y un tal Luciano Varela, que fue instructor de la “peculiar e insólita” causa que ahora se juzga, y que al mismo tiempo como magistrado “imparcial” formaba parte del tribunal que le juzgaba en el primero de los juicios celebrados.
“Este juicio es una farsa“, gritaban quienes se habían concentrado esta misma mañana ante el Tribunal Supremo para apoyar al juez Baltasar Garzón; grave acusación que tiene su fundamento en la irregular instrucción de Luciano Varela, que ha sido calificada de “sesgada y devastadora” por su abogado defensor.
Jiménez Villarejo, exfiscal anticorrupción, y que se ganó un merecido prestigio con su incansable labor persiguiendo la delincuencia económica, ha afirmado que “esto no es compatible con un Estado de derecho“; acusación no menos grave, pero igualmente justificada por unas maniobras inconfesables para acabar con la reputación y el prestigio de Garzón por parte de un sector de la judicatura que abusa de su posición de privilegio.
Muchos ciudadanos no entienden, no saben, no contestan, dado que desconocen las reglas de juego de de la administración de justicia. Y precisamente de esa lógica ignorancia se prevalen quienes ahora la utilizan a su antojo, introduciendo un intencionado elemento de confusión ante la sociedad. Pero para quienes sabemos como pueden moverse los tribunales y cuales son sus privilegios, lo que está ocurriendo estos días constituye todo un escándalo del que saldremos muy tocados, y que rebajará a límites nunca conocidos la credibilidad de nuestro sistema judicial.
En su intervención inicial el Fiscal se ha atrevido a afirmar “no he visto nada igual en 36 años“, justamente los que han transcurrido desde el comienzo de la transición. ¿No hemos sido capaces de avanzar nada en este tiempo?; a juzgar por la postura de algunos miembros del Tribunal Supremo, tal parece que no, creándose en las últimas décadas un caldo de cultivo que propicia la insólita situación que ahora vivimos.
“Lo he dejado todo atado y bien atado“, afirmó Franco antes de morirse. Ahora ya sabemos que era verdad, y muchos no se han dado cuenta hasta ahora. Es más, alguien ha llegado a pensar que la neoinquisición se instala en nuestra justicia, al igual que lo han hecho los neoliberales destruyendo nuestra economía. ¿ha llegado el fin del mundo?; al menos parece que es el fin de la decencia por culpa de quienes controlan la época en la que nos ha tocado vivir.
Ha comenzado el juicio con las cuestiones previas planteadas por la defensa, entre las que se solicita la nulidad y el archivo del procedimiento penal, apoyadas por el fiscal Luis Navajas, que ha sido extraordinariamente duro con el juez Luciano Varela, calificando de “insólita e insostenible la instrucción de la causa”. Y muchos observadores internacionales siguen con su presencia el juicio, contemplando con estupor cómo nuestro estado de Derecho se desintegra, sin que nadie haga nada por evitarlo.
Por cierto, para satisfacción de quienes aún creemos en la honestidad, quien sale reforzado, sea cual sea el resultado final, es el propio Juez Garzón. ¿Estamos viviendo el preámbulo de “El cazador cazado”? El tiempo pondrá a todos en su sitio, y espero disfrutarlo.
(Dedico la foto del encabezamiento a todos aquellos que pagaron con su vida la defensa de la libertad durante la época franquista)
Observo con cierto estupor el silencio de decenas de magistrados del Tribunal Supremo que están convencidos de la inocencia del Juez Garzón. Su sigilo puede estar justificado por la discreción que debe de mantener todo magistrado ante actuaciones de sus compañeros, pero un gesto no hubiese venido nada mal para salvar la cara del máximo tribunal, actualmente en entredicho.
Resulta paradójico que la causa se haya abierto por no haberse respetado el derecho de defensa de unos letrados, que ahora ya sabemos eran presuntos cómplices de sus defendidos, y sea el mismo tribunal que le juzga quien lamine el derecho de defensa del acusado, al denegarle muchas de las pruebas propuestas, y en especial las testificales de los fiscales y magistrados que consintieron y/o prorrogaron las medidas adoptadas por el juez Garzón. Los magistrados hubiesen quedado muy bien si hubiesen rectificado su decisión, acordando la práctica de esas testificales tras escuchar los relatos de los agentes de la Unidad de Delincuencia Económica, lo que permitiría conocer las motivaciones que tuvieron para mantener y consentir la intervención de las conversaciones de los cabecillas del caso Gürtel con sus “letrados”, que parece ser iban encaminadas a colaborar en el blanqueo y evasión de capitales. Y no es bueno, ni decente, ni justificable la impunidad de la toga.
En todo caso, este juicio ha sido todo un despropósito, por cuanto no puede calificarse como prevaricación la interpretación que un juez hace de un precepto legal para justificar la intervención de unas conversaciones que pueden encubrir actuaciones delictivas, por muy letrado que sea uno de sus interlocutores. Para eso está la nulidad de actuaciones, si quien posteriormente debe decidir considera que las pruebas no se han obtenido por los cauces legales; e incluso en eso ha existido una evidente discrepancia en el propio Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad de Madrid. Pero, como afirmaba muy recientemente Jorge Trías Sagnier, jurista y exdiputado del PP, en un excelente artículo, estamos ante un caso de “cacería judicial“, y viendo sentado a Garzón en el banquillo de los acusados se pregunta: ¿es esto la justicia que tan hermosamente se describe en el Título VI de la Constitución?.
Suponemos que la escucha de las grabaciones seleccionadas ya habrá tenido lugar a puerta cerrada, y una vez que en el día de ayer las partes han dado por reproducida su prueba documental y elevado sus conclusiones provisionales a definitivas, hoy le ha correspondido a los abogados de la acusación y la defensa evacuar el trámite de conclusiones finales. Nada especial han dicho los letrados de la acusación que no sea analizar, cada uno desde su parcial posición, el resultado de las pruebas practicadas para tratar de “convencer” al tribunal de que debe de dictarse una sentencia conforme a sus peticiones. Tiene razón el letrado Ignacio Peláez cuando afirmó que “no vale todo“; efectivamente no vale esconderse detrás de la toga para delinquir, y eso es lo que trataba precisamente de evitar el Juez Garzón cuando ordenó las escuchas. Por su parte el letrado Pablo Rodriguez-Mourullo, defensor de Pablo Crespo, estuvo aparentemente brillante, pero excesivamente técnico, y su intervención parecía más encaminada a interesar la nulidad de unas grabaciones que justificar la procedencia de un delito de prevaricación cometido por el juez que las ordenó; quizás se equivocó de escenario.
El Fiscal, que no acusa, podía haberse limitado a solicitar la libre absolución del Juez Garzón. Pero ha querido ir más allá, y se ha convertido en un imparcial abogado defensor, algo poco común en actuaciones similares, pero posible. Y en su intervención Antolín Herrero estuvo muy certero cuando analizó los hechos enjuiciados, poniendo en la balanza los límites entre el derecho de defensa y el derecho de investigación, alegando el principio de proporcionalidad para justificar la procedencia de las escuchas ante un supuesto tan excepcional como era la comisión de un delito de blanqueo de dinero que se estaba cometiendo por los cabecillas de la trama que se encontraban en prisión e incomunicados; y con un fino sentido del humor finalizó su intervención sorprendido por el hecho de que “los letrados intervinientes tengan tantas dudas sobre el estado de derecho en nuestro país y lo pongan todo en cuestión“. Le siguió en la palabra su compañera Pilar Fernández Valcárcel, que hizo alusión a que han existido otras investigaciones judiciales en las que se autorizó la intervención de comunicaciones entre presos y abogados, citando como ejemplo -entre otros- el caso de Marta del Castillo.
En la sesión de la tarde ha intervenido el letrado de la defensa, Francisco Baena Bocanegra, quien muy finamente ha recordado a la Sala su reciente doctrina sobre el delito de prevaricación, y después de haber alabado la brillante intervención del fiscal Herrero, ha recordado el erróneo planteamiento de las acusaciones, espetándoles en tono irónico: “si empezamos el credo por Poncio Pilatos al que sacrifican ya sabemos quién es“. Ha mencionado que Garzón estaba obsesionado con el derecho de defensa, como así han mantenido todos los testigos que declararon en el día de ayer; y a mayor abundamiento ha recordado el apoyo expreso del Ministerio Fiscal en la adopción de las medidas. “No se puede pedir un concepto expansivo del derecho de defensa” afirmó, aludiendo con ello a la actuación del Letrado Ignacio Peláez, quien visitó a Correa y a Pedro Crespo sin ser su letrado defensor; reiterando que no existe ningún principio de prueba que acredite que Garzón actuó incorrectamente. Aludió al hecho de que las resoluciones por la que se acordó la intervención están motivadas por las peticiones de la policía, que observaba como el delito de blanqueo de dinero se continuaba cometiendo, y existía un “riesgo de connivencia“, requisito exigido por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos para permitir la intervención de las conversaciones entre un detenido y su letrado. Y con gran énfasis ha traído a colación el auto dictado por el juez instructor de la causa por la muerte de Marta del Castillo, que ordenó intervenir todas las conversaciones que pudiese mantener el principal acusado, incluso con sus abogados defensores. Y finalizó afirmando que “el señor Garzón es un buen juez, en todo el sentido de la palabra“.
Garzón, después de despojarse de nuevo de la toga, ha bajado del estrado para hacer uso de la última palabra, afectado por una fuerte ronquera. Y tras pedir un vaso de agua y adherirse a lo expuesto por los fiscales y por su letrado, ha asumido la responsabilidad de todas sus decisiones judiciales. “En ningún momento se violentó o se lesionó el derecho de defensa, sino que se protegió” ha dicho, reiterando lo expuesto en su declaración, y volviendo a recordar que las las intervenciones eran necesarias para perseguir el delito de blanqueo de dinero. La Sala le interrumpió en varios ocasiones, impidiéndole manifestarse libremente, lo que demuestra el poco respeto hacia el acusado, al que se le veía sensiblemente afectado.
El juicio ha quedado visto para sentencia. Los magistrados lo tienen muy fácil; complicarlo colocaría a nuestra justicia en un bochornoso descrédito a nivel mundial. Dicten cuanto antes una sentencia absolutoria, pasen de puntillas para salvar su dignidad por el juicio sobre los crímenes del franquismo, y archiven a la mayor brevedad la tercera causa abierta contra el ahora acusado. Baltasar Garzón tiene que recuperar cuanto antes su condición de magistrado en activo. Morir matando no es una buena solución, y el tribunal que le juzga lo sabe, y se juega mucho; tiene la oportunidad de pasar página y convertir el lamentable espectáculo que estamos viviendo en un triunfo de la justicia.