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El otoño pierde su consistencia con la caída de las hojas y su paulatino deterioro. Pero en la nada aparente aún queda un simbólico testigo, que nos recuerda que la naturaleza sigue viva
La foto está tomada el pasado viernes, 2 de noviembre, cuando caminaba hacía la majada de Mura, sita en las cercanias de Vegacerneja (León), una ruta de montaña que no sale en los libros, pero merece la pena visitar .
Me gusta el arte de lo mínimo, lograr más con menos es todo un logro para quién aspira a crear algo en este mundo, aunque el resultado se resuma a una satisfacción personal. ¿Vanidad?, no, orgullo de sí mismo, que es lo más grande que un ser humano puede lograr en su vida. No olvidemos que el optimismo se nutre de fuerza moral para enfrentarse a todo, y no puede lograrse si no creemos en nosotros mismos.
Quizás por eso me gusta la fotografía minimalista, aquella que trata de decir más de lo que se observa, aunque sea a costa de la imaginación del observador, que ha de poner algo de si mismo para comprenderla.
La fotografía minimalista no se busca, como un paisaje o un retrato, simplemente se encuentra, porque está ahí, junto a nosotros, aunque muchas veces no la veamos. En el fondo es un juego de observación de nuestro entorno, que resulta infinito aunque nuestra mente lo limite.
¿En quién me inspiro? En nadie en concreto, simplemente en lo que me rodea y soy capaz de observar. Y descubro que muy poco puede llenarme mucho.
Por eso el minimalismo puede llegar a convertirse en una forma de vivir; con menos cosas en nuestro alrededor tenemos más espacio para movernos, y más tiempo para no distraernos con lo superfluo y concentrarnos en lo que realmente merece la pena. En alguna medida la filosofía del minimalismo podría ser comparable a la teoría de la relatividad, que alcanzó su cenit cuando somos capaces de concentrar nuestros esfuerzos en valorar las cosas que merecen la pena de verdad; en ocasiones pequeños detalles llenan más que grandes placeres construidos sobre lo superfluo o innecesario.
Con la edad el minimalismo adquiere más sentido, al comprobar que casí todo lo que nos rodea es innecesario, incluso las personas, y que con muy poco podemos ser más felices; cuando surgen problemas de salud a tu alrededor, arrinconamos muchas cosas, y valoramos mucho más lo bueno que nos rodea, que en ocasiones está demasiado cerca para apreciarlo. La belleza puede estar en las cosas aparentemente mínimas, así de sencillo y de gratificante.
Una serie de eslabones enlazados entre sí componen una cadena, que en muchos casos tiene como destino impedir el acceso a un concreto lugar y casí siempre encierran algún secreto; y puede servir para formar parte de una composición fotográfica. En este caso se trataba de obtener una imagen minimalista, buscando una extrema simplicidad con un solo elemento.
Son fotografías sencillas, con las que se pretende llamar la atención de aquello que no se observa cuando se visita un monumento, en este caso la Catedral de Sevilla.
Un solo elemento, sin contar el fondo -que en esta fotografía es imprescindible-, y ya tenemos una fotografía minimalista; no precisamos más para conjugar la estética con el color, y obtener una instantánea que transmite tranquilidad, un bien escaso en nuestra sociedad. Incluso he prescindido de la firma para mantener su esencia.
La fotografía está tomada el pasado 18 de agosto en el pueblo pesquero de La Antilla (Hueva), a las 7,59 horas, aprovechando las primeras luces del día.
Una hoja en estado puro, flotando en el espacio, sin más elementos que su propia existencia, puede suponer una perfecta composición.
El minimalismo permite convertir en centro de atención el único elemento existente en la imagen, apoyada sobre un fondo negro. En el mundo actual, en donde la cantidad forma parte del objetivo vital, la simplicidad de un solo objeto se convierte en una misión para quienes pensamos que la calidad de vida puede estar en lo más sencillo. Muchas cosas no permiten alcanzar la felicidad, sino crear permanentes problemas a nuestra propia existencia.
Un solo elemento en el cielo, precisamente aquel que se enciende cuando el día se apaga, puede justificar una composición fotográfica
El término minimalista, en su ámbito más general, es referido a cualquier cosa que se haya desnudado a lo esencial, despojada de elementos sobrantes, o que proporciona sólo un esbozo de su estructura, y minimalismo es la tendencia a reducir a lo esencial.
Simplemente es una margarita con 17 pétalos, impares, para que salga el sí si la decidimos desnudar. Parece flotar en el aire. Y hoy pasa a formar parte de mi colección de fotografías minimalistas: una sola flor forma una composición de un solo elemento.
Esta imagen fue tomada a las 19,25 horas del pasado 22 de septiembre de 2007 en Soto de Agues (Asturias).
Datos de interés:
Camara: Canon 5D
Objetivo: zoom 70-200mm
Focal: 200 mm
Iso: 400
Velocidad: 1/100 segundos
Diafragma: f4,0