Escuchaba recientemente en el programa “A vivir que son dos días” de la cadena SER una tertulia en la que se opinaba sobre la situación actual de Garzón ante la justicia, y el denominador común de todos los participantes se resumía en considerar que era víctima de las venganzas de sus enemigos y los celos de algunos de sus compañeros. Y lo afirmaban con naturalidad, como si fuesen normal que la venganza y los celos formasen parte de las causas que pueden justificar la apertura de un proceso judicial.
Me aterroriza pensar que la actual sociedad es inmune a una “justicia” sectárea, selectiva y fanática, en la que se prioriza la figura del acusado para después buscarle conductas que “aparentemente” puedan tener connotaciones delictivas con el único propósito de prefabricar procesos judiciales, y así acabar con un personaje no deseado por muchos. Pero lo patético y trágico es que entre esos muchos estén mezclados políticos en activo enredados con la corrupción, personajes vinculados con la ultraderecha y algunos jueces vengativos. Una conjunción así debería hacer temblar los pilares de nuestro Estado de Derecho, y sin embargo parece no importarle a casi nadie, lo que confirma que el deterioro de los principios y la decencia de nuestra sociedad se consolida, y ya estamos bajo mínimos y en plena decadencia.
De los tres procesos abiertos contra Garzón sólo tiene connotaciones exclusivamente políticas el referido a la investigación de los crímenes del franquismo, que con el renacimiento de una ultraderecha “democrática” cada vez está más vivo; la raíz de la causa por las escuchas del caso “Gürtel” se localiza en una camorra a la española, cada vez más consolidada en nuestra sociedad y que goza de plena impunidad; y la tercera de las causas por la solicitud de fondos para organizar un curso en la Universidad de Nueva York, la más artificial desde el punto de vista legal, pretende introducir dudas sobre la honradez del Juez Garzón, para que la sociedad no lo considere solamente una víctima política.
Pero lo terrorífico y espeluznante es la frialdad con la que actúa nuestra “justicia” administrando deliberadamente los tiempos. En sus inicios los tres procesos se abrieron y tramitaron con una desconocida rapidez, que no pretendía otra finalidad que expulsar a Garzón de la Audiencia Nacional e inhabilitarle “provisionalmente” como juez. Pero una vez neutralizado ya no hay prisa, y su enjuiciamiento se demora sin justificación ni motivo alguno.
¿Por qué el Tribunal Supremo retrasa ahora los procesos contra Garzón? ¿Alguien me lo puede explicar?. Aunque lo más lamentable es que creo conocer la respuesta, y tiemblo pensando que no esté equivocado.
(Publicado aquí en www.elplural.com)













