Se dice que la ignorancia es muy atrevida, y Esperanza Aguirre ya tuvo ocasión de demostrarlo siendo Ministra de Educación y Ciencia en el primer gobierno de Jose María Aznar, al confundir a Saramago con una bailaora (siendo testigo de excepción de este dislate la periodista Rosa María Artal), o cuando al ser preguntada si había visto “Airbag” (película dirigida por Juanma Bajo Ulloa), contestó que sólo veía cine español.
Pero su analfabetismo no deja de ser una anécdota si analizamos sus “habilidades” para conseguir convertirse en presidenta de la Comunidad Autónoma de Madrid, tras la sospechosa deserción de dos parlamentarios que impidieron que el socialista Eduardo Simancas ocupase dicho cargo. Por entonces nadie se creyó que fuese una simple desafección política lo que motivó la abstención de los diputados madrileños Eduardo Tamayo y María Teresa Sáez, y la sospecha se centró en maniobras turbias de destacados dirigentes del PP madrileño, detrás de los que se escondían intereses inmobiliarios de gran calado, los mismos que provocaron el estallido de la burbuja inmobiliaria; y de todo ello no podía ser ajena la propia Esperanza Aguirre. El tamayazo fue todo un golpe de estado de la derecha reaccionaria de este país, esa que nunca creyó en la democracia pero la utiliza para acceder al poder; escándalo que no pudo ser investigado por la oposición manifiesta del mismísimo Fiscal General del Estado Jesús Cardenal, nombrado por un gobierno presidido por Aznar. Y es que ocultar la basura dejado de la alfombra se le da muy bien a la derecha española.
Ya siendo presidenta de la Comunidad de Madrid, la neoliberal Esperanza Aguirre destacó por su intervencionismo en el funcionamiento de Caja Madrid, lo que facilitó que se concediesen créditos millonarios sin garantías suficientes a grandes empresas constructoras, muchas de las cuales supuestamente financiaron campañas electorales del Partido Popular a nivel regional y nacional. Curiosamente el impago de los préstamos concedidos cuando estalló la crisis del ladrillo motivaron la crisis financiera de Caja Madrid, y por ende de Bankia, que para salvarla hubo de ser nacionalizada, precisando una inyección económica de más de 30.000 millones de euros, que ahora tendremos que devolver entre todos.
Son numerosos los miembros del PP madrileño, presidido por Esperanza Aguirre, los que han sido imputados en el Caso Gúrtel. Y, ella que está en todo, es inimaginable pensar que la lideresa no conociese los detalles de la financiación irregular de su partido y los enriquecimientos personales de militantes de su absoluta confianza, entre los que destaca el que fue su consejero de Deportes, Alberto López Viejo.
Pero la neoliberal Esperanza Aguirre, sospechosa de estar incursa en espiar a miembros de su propio partido, ha destacado por su capacidad para rodearse de empresarios “modélicos”, entre los que sobresalen el presidente de la patronal madrileña, Arturo Fernández, investigado por pagar con dinero negro a sus trabajadores, y el que fuera presidente de la CEOE, Gerardo Díaz Ferrán, actualmente en la cárcel, y que se sabe contribuyó económicamente a la financiación de una de sus campañas electores a través de Fundescam, si bien se salvo por la campana al haberse archivado las actuaciones judiciales por la prescripción de los supuestos delitos cometidos.
Debo de reconocer que Esperanza Aguirre tiene una extraña habilidad para salir indemne de los numerosos escándalos que la rodean, aunque no es menos cierto que dispone de buenos padrinos que la encubren y protegen, por extrañas razones que muchos no somos capaces de conocer. Si bien resulta indiscutible que existen intereses económicos muy poderosos que están dispuestos, por su propio beneficio, a ocultar sus supuestos desmanes.
Parece evidente que su “inesperada” dimisión como presidenta de la comunidad madrileña no estaba motivada por su intención de dejar la política, sino más bien para no sufrir en propia carne el mayor descalabro del PP, que ahora ya parece angustiar a su sucesor Ignacio González, a juzgar por los resultados de las últimas encuestas. Pero no nos olvidemos que la privatización de la sanidad pública comenzó con ella.
No es entendible que su populismo barato, con frases grandilocuentes, muchas de ellas sin contenido real, haya podido encandilar durante tantos años a la mayoría de los madrileños, pero parece evidente que su carrera política está jalonada de turbias situaciones que algún día deberán ser investigadas en profundidad. Resultando toda una felonía que pretenda ahora aparecer como salvadora del país, y sentirse ajena a las consecuencias nefastas de la política económica del gobierno, cuando ha sido cómplice de las decisiones adoptadas por su propio partido.
Esperanza Aguirre no es de fiar, ni siquiera entre los suyos, y aprovechándose ahora de sus apoyos mediáticos, últimamente goza enfrentándose cara a cara al mismísimo Mariano Rajoy, criticando sus políticas. Y para ello pide más recortes y más mano dura con todo lo que suene a público, sin detallar dónde metería la tijera y cuáles serían las consecuencias perversas de poner en práctica su ideario político. Pero no se ha dado cuenta que ya no tiene futuro, se le han agotado sus siete vidas en política, su populismo carece de credibilidad más allá de la Comunidad que ha presidido, y como mucho puede aspirar a ser ministra de Mariano Rajoy en la primera remodelación de su gobierno, desde donde intentaría dar el definitivo golpe de mano desde dentro. Aunque quizás se conforme con la alcaldía de la capital, para sustituir a la fallida Ana Botella, si es que los madrileños deciden dejarse engañar de nuevo.
(publicado en elplural.com, aquí).
































