Tag: Corrupción

El PP y el Gobierno de Rajoy se cargan definitivamente el Estado de Derecho

Sin una justicia  independiente del poder ejecutivo, que actúe con plena autonomía, el Estado de Derecho se convierte en una falacia más de un sistema democrático que vive una crisis profunda. Que un gobierno, a través de organismos interpuestos, en este caso el Consejo General del Poder Judicial, pueda apartar de sus cargos a jueces que le son molestos, por investigar las indecencias del partido que lo mantiene en el poder, resulta toda una escandalosa desvergüenza, inimaginable en una democracia consolidada. Primero se cargaron a Baltasar Garzón, inhabilitándolo de por vida; le siguió Elpidio Silva por encarcelar a Blesa por el caso Bankia; y ahora aniquilan al juez Ruz, poniendo fecha de caducidad a las causas que instruye en su contra.

Aparentemente no le diseccionan el cuello, hasta el punto de que le permiten continuar hasta marzo al frente del juzgado de instrucción nº 5 de la Audiencia Nacional, y continuar después instruyendo la causa del “caso Gürtel”, si así lo solicita. Pero esa es la “versión para niños”, en palabras de Iñaki Gabilondo, dado que esa autorización  tiene trampa, ya que al convertirse en juez de apoyo del magistrado al que le adjudiquen la plaza, perderá la capacidad para tomar decisiones de forma autónoma y sus resoluciones precisarán el visto bueno de su superior, que es tanto como cortarle la cabeza.

Con esta maniobra, Mariano Rajoy y su pandilla de impresentables quedan inhabilitados de por vida para gobernar un país decente, porque representan lo peor de una sociedad en crisis, ahogada por la falta de escrúpulos de sus políticos. Hay muchas formas de acabar con la corrupción, entre ellas enterrándola para siempre; y ésta, y no otra, es la intención de nuestro actual Gobierno, al liquidarse al juez que les puede llevar a la cárcel.

El juez Ruz, aislado en su despacho y sin medios para investigar, lleva años realizando un ímprobo trabajo que muy pocos podrían soportar, sufriendo constantes ataques a su independencia, e ininterrumpidas zancadillas para que su instrucción no pueda llevarse a buen fin: En la sede del PP se destruyeron discos duros con  información relevante, y lo que constituía una clara conducta delictiva, otro juez más dócil se encargo de no perseguirla; el Partido Popular ocultó deliberadamente al  instructor información documental de interés directamente relacionada con la rehabilitación con dinero negro de su sede de Genova, hasta el punto de que el juez Ruz se vio obligado a llevar acabo un registro en la sede central del partido que nos gobierna; y así podríamos continuar con otros ejemplos. Y ahora, como no han podido pararle los pies, deciden practicar su muerte lenta, hasta dejarle sin respiración.

Mariano Rajoy, el gobierno que preside y el Partido Popular que lo sustenta, han quedado inhabilitados de por vida para luchar contra la depravación del sistema, porque ellos representan la corrupción, al degradar hasta limites inimaginables nuestro sistema democrático. Son capaces de todo, con tal de salir airosos e indemnes de la podredumbre en la que están inmersos;  solo les preocupa mantener el poder para seguir utilizándolo en su provecho y en beneficio directo de sus amigos más cercanos. Por cierto hace unas horas el PP votaba en bloque para impedir comisiones de investigación para conocer el alcance de la corrupción y de lo ocurrido en el caso Bankia; y ahora que nos digan que están dispuestos a tomar medidas para perseguir la corrupción.

Pese a todo, intuyo que el juez Ruz, un magistrado discreto e incansable en su trabajo, les tiene preparada alguna sorpresa desagradable, que puede llegar antes del mes de marzo. Y hasta entonces les tendrá muy nerviosos y cometerán errores. Ojala sea cierto, y podamos acabar definitivamente con esa banda de indeseables.

(publicado en elplural.com)

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Rajoy no puede seguir un día más gobernando este país

rajoymato

Una mujer, como Ana Mato, que  no se enteraba en su casa de dónde salía el dinero para viajar gratis, celebrar lujosas fiestas de cumpleaños de sus hijos, y alojar en su garaje un Jaguar, parece evidente que no era la persona más adecuada para ser la encargada de administrar y organizar nuestra sanidad. Pero esto ya se sabía cuando fue nombrada Ministra de Sanidad por Mariano Rajoy, por lo que no es entendible que hubiese ocupado tal cargo durante 3 años, por cierto con unos resultados nefastos en su gestión, y mintiendo descaradamente a todos los ciudadanos en las contadas ocasiones en las que se le ocurrió abrir la boca. Y si no que se lo pregunten a los afectados por la hepatitis C.

Su dimisión, forzada por un “o dimites o te ceso”, estaba cantada una vez que el juez Ruz  mantiene, en su Auto conocido el pasado 26 de noviembre, que Ana Mato se benefició a título lucrativo de dinero procedente de la corrupción política, y por ello deberá ser condenada a devolverlo. No podía estar un día más en el banco azul, pero su dimisión debería de extenderse a su escaño de diputada,  porque con su presencia mancha la dignidad que debe presidir nuestra Cámara Baja. Aunque también es cierto que si ponemos el listón a la altura moral adecuada, nos quedamos sin parlamentarios.

Pero Rajoy, que ha sacado pecho con esta dimisión para tratar de convertirse en un  Superman contra la corrupción, se está olvidando que en la misma resolución judicial, y por aplicación del mismo artículo del Código Penal, se sitúa al PP que él mismo preside, en idéntica posición a la de Ana Mato, o quizás incluso peor, ya que la falta de imputación de su partido obedece a que cuando ocurrieron los hechos  no era  posible establecerla sobre  una persona jurídica. Y si ha dimitido Ana Mato, por la misma razón debería cesar de inmediato Mariano Rajoy, en su doble condición de Presidente del Gobierno y presidente del Partido Popular.

Rafael Merino, Portavoz Adjunto del Grupo Parlamentario Popular, que se ha convertido en un nuevo y “sagaz” contertulio de las televisiones privadas,  que nos recuerda mucho a Javier Arenas  por su acento  y por la jeta que le echa en negar lo evidente, mantiene que el juez Ruz no acusa al PP de haberse financiado de forma ilegal. Pero se olvida de que existe otra causa pendiente referida a los papeles de Bárcenas, y que la financiación ilegal de los partidos políticos no es delito, porque el propio Sr. Merino y sus compañeros del Congreso, decidieron no tipificarlo como tal figura delictiva en el Código Penal, para tapar sus vergüenzas.

Pero nadie debe olvidar que el juez Ruz pretende sentar en el banquillo de los acusados al Partido Popular al completo, como lo demuestra el hecho de que la mayoría de los imputados eran cargos políticos del partido, han sido igualmente imputados sus últimos tres tesoreros (Bárcenas, Lapuerta y Sanchís), y al mismo tiempo se declara responsable civil al propio partido por haberse beneficiado de dinero procedente de la trama Gürtel. ¿Le parece poco a Don Mariano para no sentirse aludido?.

Un país que pretende cambiar los hábitos del pasado, acabar con la corrupción,  y regenerar la democracia no puede seguir siendo gobernado por  alguien que, durante décadas, estaba mirando para otro lado,  ha consentido y permitido la corrupción, se ha beneficiado de ella,  y no se arrepiente públicamente de sus gravísimos errores. Si le quedase a Mariano Rajoy un mínimo de decencia, debería de dimitir de inmediato, disolver las cámaras y convocar elecciones. Este gobierno, y este presidente, huelen demasiado mal para poder convertirse en los adalides de la lucha contra la corrupción. Por cierto, todas las medidas propuestas hoy en el Congreso por el Presidente del Gobierno son genéricas,  inconcretas, y no sirven para solucionar el problema de la corrupción, sino más bien todo lo contrario. Pero de esto último ya hablaremos otro día.

(publicado en elplural.com)


Pagar gastos personales con dinero público es delito

monago

Nuestro Código Penal, en el artículo 432. 1., tipifica el delito de malversación de caudales públicos,  que castiga como una pena de prisión de tres a seis años e inhabilitación absoluta por un tiempo de seis a diez años, a “la autoridad o funcionario público que, con ánimo de lucro, sustrajere o consintiere que un tercero, con igual ánimo, sustraiga los caudales o efectos públicos que tenga a su cargo por razón de sus funciones“.

Parece evidente que si un Senador dispone del privilegio de viajar gratuitamente en business, a través de Iberia, siempre que el desplazamiento esté motivado por razones de su cargo o por su actividad política, cuando lo hace por razones personales, está utilizando un dinero público para fines privados, por lo que puede convertirse en autor de un delito de malversación de caudales públicos. Sin que le exima de su responsabilidad penal el hecho de que el Senado no lleve un control adecuado de los viajes que, con el dinero de todos, realizan los parlamentarios.

No es entendible por ello que algunos medios de comunicación mantengan que la conducta de José Antonio Monago puede considerarse legal, aunque reprobable; y menos justificable que su partido, a través de su presidente Mariano Rajoy, defienda su honorabilidad al considerarle víctima de una persecución injusta, precisamente en una convención del PP, celebrada en el feudo de Monago, dedicada al “buen gobierno“.  Si es así como van a perseguir la corrupción, apaga y vámonos.

El actual Presidente de Extremadura,  José Antonio Monago,  puede hacer lo que quiera con su vida privada, y tener las novias que desee y le correspondan; pero los desplazamientos por motivos sentimentales los tiene que pagar de su bolsillo y no con dinero público, como parece ser ha hecho 32 veces en los años 2009 y 2010, en los que, como Senador, cargó al Senado sus viajes privados a Canarias, a donde acudía dos veces al mes.

Los políticos que nos gobiernan no son de fiar y están acostumbrados a mentir con un desparpajo indecente. Sin ir más lejos en menos de 24 horas José Antonio Monago llegó a afirmar que pagaba sus viajes y que todo era una confabulación contra su persona, para después desdecirse y manifestar que estaba dispuesto a devolver el dinero usado indebidamente, al mismo tiempo que pedía perdón; fórmula que se ha convertido en  habitual entre los dirigentes del PP para afrontar sus responsabilidades políticas. Se creen que están en un confesionario en el que con arrepentirse de sus pecados y con una leve penitencia, todo queda perdonado.

Lo  llamativo es que Monago se había convertido en los últimos tiempos en un azote contra los corruptos, hasta el punto que a finales del pasado mes de octubre declaró en la Cadena COPE que “pedir perdón no es suficiente, los ciudadanos quieren soluciones“; afirmando que la Justicia  “debería actuar con carácter preferente contra la corrupción”, para “atajar el problema cuanto antes …  para acabar con cuatro señores que han entendido que esto es jauja”. Por lo que ya es conocedor de como actuar consigo mismo.

Por supuesto que tiene que devolver el dinero, que es nuestro; pero a continuación tiene que dimitir de inmediato, retirarse de la vida política para siempre, y asumir sus responsabilidades penales. ¿Dónde está el Fiscal General del Estado para exigírselas?; tal parece que en ignorado paradero o en búsqueda y captura, como siempre ocurre cuando se descubren las conductas presuntamente criminales de la gente de la casta.

José Antonio Monago se resiste a dimitir, pero en los tiempos en los que vivimos su vida política ya está finiquitada, porque los ciudadanos ya no están dispuestos a perdonar este tipo de comportamientos. Su conducta es equiparable a la que tuvo Carlos Dívar con sus viajes privados a Marbella, siendo presidente  del Consejo General del Poder Judicial;  y aunque se resistió, no tuvo más opción que dejar su cargo.

Por cierto, esta misma semana acaba de dimitir el diputado del PP por Teruel, Carlos Muñoz Obon, por viajar a Tenerife por motivos privados, con cargo al Congreso. Parece ser que mantenía relaciones sentimentales con la que anteriormente fuese novia de José Antonio Monago. Curiosa coincidencia, aunque sea meramente anecdótica.

(Publicado en elplural.com)


La alcaldesa de Gijón aprende rápido, juega con fuego, y puede quemarse

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El asunto huele muy mal y,  en los tiempos en los que estamos, peor. Ya se ha convertido en noticia de ámbito nacional que el PSOE de Gijón ha denunciado que el Gobierno Local habría pagado con dinero público al periodista Federico Jímenez Losantos unos 37.000 euros por el programa que EsRadio realizó en el Teatro Jovellanos el pasado viernes, y en el que se incluía una entrevista a la alcaldesa Carmen Moriyón, que puede fácilmente interpretarse como un acto de propaganda electoral, si tenemos en cuenta que faltan poco más de siete meses para las elecciones locales.

EsRadio se defiende afirmando que el dinero percibido  era el precio de la contratación de cuñas publicitarias para promocionar diversos actos que se celebran en nuestra ciudad, y que el coste del programa fue cero. Muy difícil de creer si tenemos en cuenta que estamos hablando de mucho dinero abonado a una emisora de radio con escasísima audiencia, ya que su share es de un 2,2%, frente -por poner un ejemplo- el 35,89% de la Cadena Ser; y tal parece que la entrevista no es más que un regalo encubierto por la jugosa contratación con un medio ideológicamente afín.

El tema no es baladí, ya que se está usando dinero público de todos los gijoneses, y tal parece que tiene, entre otros objetivos, la promoción de nuestra alcaldesa y de Foro Asturias, formación política presidida por Francisco Álvarez Cascos, uno de los secretarios generales del PP que compartió época con Luis Bárcenas, aunque “no se enterase de nada” de lo que por entonces sucedía con la caja B del partido.

El tema no debería quedar en una mera denuncia periodista, sino que es necesario, de no darse antes explicaciones convincentes y creibles, ponerlo en conocimiento del Fiscal, para que investigue la posible comisión de un delito de malversación de caudales públicos. Parece evidente a primera vista, y ello podría ser refrendado mediante un informe pericial, que con una inversión de 37.000 euros es posible obtener una mayor promoción de nuestra ciudad en emisoras con mayor audiencia; y si ello es así se demostraría que hay gato encerrado.

Los gijoneses estamos muy hartos que, sin nuestro permiso, se malgaste nuestro dinero por los políticos de turno para su promoción pública; y tales conductas están claramente tipificadas en nuestro Código Penal. Una investigación judicial en profundidad es imprescindible por el bien de la decencia. Es más, incluso el Ministerio Fiscal, teniendo ya conocimiento de tales hechos,  puede actuar de oficio  para que se esclarezca lo que se esconde detrás de esta “inversión publicitaria”.

Y ahora solo nos queda esperar acontecimientos. Aunque, como es habitual, puede  que todo quede en nada, confirmándose que el presidente del Consejo General del Poder Judicial tenía razón cuando afirmó que la ley solo está pensada “para el robagallinas”.


“Pido perdón”, y después qué…

Con esto de que siempre funcionan por consignas, a las primeras cabezas políticas del PP les ha dado estos días por pedir perdón por no haber sabido rodearse de personas honestas. Primero comenzó Esperanza Aguirre en una rueda de prensa y,  a su imagen y semejanza, le siguió  Mariano Rajoy a las 24 horas, en esta ocasión ante el Senado; si bien lo más llamativo de su intervención era observar a Javier Arenas en segunda línea con cara de morderse la lengua, que en un descuido se le escapó por la comisura derecha de sus labios, como si quisiese decir algo que su corrupto cerebro le prohibía. Y es que en el fondo son como niños, pero niños malos y peligrosos que recuerdan a una madre que, cuando detienen a su hijo, hecha la culpa a sus amigos que les han dado mal ejemplo; pero en realidad tienen ya edad como para saber el talante moral de quienes les rodean. ¿Podemos imaginar a Al Capone descubrir que uno de los suyos es honesto?; pues esto es igual, pero al revés.

Los acontecimientos se suceden a una velocidad endiablada, hasta el punto que la “Operación Púnica” parece hacer olvidar el caso de las tarjetas black, y entre uno y otro escándalo el imputado Ángel Acebes pasa  de puntillas, después de haber negado conocer en sede judicial al arquitecto que proyectó las obras pagadas con dinero negro en la sede de Génova, y sonrojarse cuando el instructor le enseñaba una fotografía en la que le estrecha la mano en presencia de Don Mariano, el capo de la familia del PP.

Como buenos creyentes, los dirigentes del PP deben de ser conscientes que “Dios los crea y ellos se juntan”; y que nadie ponga cara de tonto afirmando que no sabía que quienes le han rodeado durante años eran unos corruptos, ladrones y  sirvergüenzas. Todos, yo mismo, hemos tenido algún amigo o conocido poco recomendable; pero se notaba, y llegaba un momento en que la relación personal se rompía, sin esperar a que lo tuviesen que meter  en la cárcel.  Por lo que no es creíble que Esperanza Aguirre y Mariano Rajoy, no se enterasen de nada, cuando era de dominio público que muchos de estos sinvergüenzas ya eran sospechosos de serlo.

A Esperanza Aguirre ya no le deben de quedar amigos, salvo los palmeros incombustibles que le ríen todas las gracias. Tenía una estrecha relación con el presidente de la CEOE Gerardo Díaz Ferrán, ahora en la cárcel; mantenía amistad con el presidente de la patronal madrileña, actualmente implicado en el caso de las tarjetas black; era de su máxima confianza Juan José Güemes, hijo político del condenado Carlos Fabra y  exconsejero de Sanidad de  la Comunidad de Madrid cuando ella la presidía, ahora imputado por cohecho y prevaricación; se cuentan por decenas los consejeros, diputados regionales y alcaldes de la Comunidad de Madrid actualmente imputados, y que fueron nombrados todos ellos cuando la lideresa presidía el PP de Madrid y la propia Comunidad;  y ahora cae con todo lo puesto quien fuera su brazo derecho y persona de su máxima confianza, Francisco Granados. Y ella “sin enterarse de nada”; más que caza talentos, es una auténtica experta caza corruptos. Doña Esperanza, ¿podría decirme en tres segundos el nombre de un conocido que no esté bajo sospecha de corrupción?. ¿No?, pues mal anda de reflejos,  de amistades, y de escrúpulos.

Y si hablamos de Mariano Rajoy, más de lo mismo. Defendió públicamente a Francisco Camps, el de los trajes, ahora convertido en un apestado en la Comunidad valenciana; puso como ejemplo de buen gobierno el trabajo realizado como presidente de Baleares por Jaume Matas, ahora en la cárcel por corrupto; salió en defensa de su extesorero Luís Barcenas, que cumple prisión preventiva desde hace más de un año; compartió banco azul con Rodrigo Rato, uno de los máximos responsables del hundimiento económico de Bankia e imputado en  el caso de las tarjetas black; cuando ya era presidente del PP, tuvo de Secretario General de su partido a Ángel Acebes, ahora imputado por adquirir acciones de un periódico digital de ideología ultraderechista; y cada vez que entra en la sede de su partido en la calle Génova, es consciente de que ha sido rehabilitada con dinero negro, sin pagar el IVA, procedente supuestamente de la percepción de comisiones ilegales. ¿Y sigue afirmando que nada sabía?. Es tonto o se hace, pero ya nadie le cree, salvo el 28% de los votantes que, como feligreses incombustibles,  parecen apoyar en las urnas la  institucionalización de la corrupción.

Son tantos los corruptos y tantos los escándalos que ya no somos capaces de acordarnos de todos, y muchos se nos quedan en el tintero. Pero, fuera bromas, no basta con pedir perdón. Doña Esperanza y Don Mariano, si les queda un mínimo de decencia, que casi todos ya lo dudamos, deben dimitir de inmediato de todos sus cargos, desaparecer de la vida política, y dejar que en nuestro país entre un poco de aire fresco, que el olor ya es nausebundo. Eso sí, no se olviden de llevar con ustedes a todos sus amigos y personas de confianza, no sea que nos dejen la basura sin recoger. Pero antes, que nos devuelvan nuestro dinero, el que nos han robado a manos llenas durante .


Urge restituir en sus puestos a los jueces Baltasar Garzón y Elpidio Silva

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Tras sufrir una persecución indecorosa, indigna e implacable, el 9 de febrero de 2012 nos enterábamos de que el Tribunal Supremo, en contra del criterio del fiscal,  condenaba a 11 años de inhabilitación por prevaricación al juez Baltasar Garzón, lo que suponía poner fin definitivamente a su carrera judicial.  Su pecado no era otro que el haber sido impacable con la persecución de la corrupción del Partido Popular. Desde entonces, para vergüenza de algunos jueces y fiscales, continúa siendo el primer y único condenado por el caso Gürtel.

Aunque constituyó noticia de segundo nivel, al haber copado los titulares de los medios de comunicación el contagio del ébola y las tarjetas opacas, el pasado 7 de octubre se publicaba la noticia de que el juez Elpidio Silva era condenado a 17,5 años de inhabilitación por prevaricación continuada, por el Tribunal Superior de Justicia. Su pecado no era otro que el haber privado de libertad de forma indebida a los personajes tan “honorables” como Miguel Blesa y Gerardo Díaz Ferrán. La sentencia no es firme, ya que puede ser revocada por el Tribunal Supremo, pero supone un grave mazazo a la indepencia de los jueces. Curiosamente es el primer condenado por el caso Bankia.

De personalidades muy distintas y antagónicas, ambos han tenido en común el llevar al límite la investigación judicial de graves casos de corrupción, cometidos por personajes abyectos, pero pertenecientes a la casta de los intocables, y que por ello gozan de una protección especial por parte de quienes, con mucho poder y carentes de escrúpulos, pueden llegar a influir en determinadas decisiones judiciales.  Molestos y peligrosos, era preciso inhabilitarlos de por vida, y de paso se mandaba un mensaje a sus compañeros, que a buen seguro ya saben a que se arriesgan si osan imitarles.

La prevarición, que consiste en estos casos en dictar resoluciones injustas a sabiendas de que lo son, es de una subjetividad en su interpretación que permite que hechos muy similares puedan ser o no considerados como delito en razón a la ideología y mentalidad del juez que ha de decidir, por lo que una condena puede incluso  llegar a estar motivada por prejuicios y pasiones de carácter extrajurídico. Y si a ello unimos  que en determinadas instancias, como pueden ser el Tribunal Supremo o los Tribunales Superiores de Justicia, muchos de sus miembros están nombrados en base a criterios políticos, el plato está servido para que pueda ser condenado un inocente sin que quien firma la sentencia  pueda incurrir en responsabilidad alguna.

No está de más recordar que el caso Gúrtel ha servido para destapar en cadena situaciones gravísimas de corrupción. Porque el  caso Bárcenas o la ya muy avanzada investigación sobre la financiación ilegal del partido en el Gobierno, nunca hubiesen salido a la luz sin la intervención  inicial del polémico juez Garzón, al que todas las personas decentes le debemos gratitud.

Lo llamativo de la condena del juez Elpidio Silva, es que coincide en el tiempo con el conocimiento público de las tarjetas opacas de Bankia, que permite descubrir que el honorable Blesa, a falta de saber con detalle en qué se gastó los 436.700 euros que se le imputan, invirtió 9.000 euros en un Safari en África y 10.000 en vino. Y nos estamos refiriendo al mismo Blesa  que hace unos meses  acusaba al juez Silva por daños irreparables a su honor, al mismo amigo que impuso Aznar para gestionar Bankia, cuyo rescate nos ha costado a nuestros bolsillos 23.465 millones de euros. Por cierto, gracias a los correos intervenidos por el juez ahora condenado,  se ha podido tirar del hilo para descubrir la existencia de las tarjetas  “black”.

En las últimas semanas están pasando  muchas cosas, demasiadas, para saber que se ha levantado la  veda del corrupto; y los partidos de la casta, atemorizados por lo que se les puede venir encima cuando continúen saliendo a la luz otros casos de corrupción, están sufriendo un desgaste irrecuperable. Se ha acabado el discurso derecha o izquierda, ahora toca enfrentar a las personas honestas con los ladrones y sirvergüenzas; y una sociedad que está empeñada en recuperar su dignidad, no puede permitirse el lujo de dejar en el dique seco a dos jueces que, con sus errores humanos, han influido de forma decisiva  en que podamos vez  la luz en un país con un altisimo nivel de corrupción.

Por su contribución a la decencia,  los jueces Baltasar Garzón y Elpidio Silva deben ser restituidos de inmediato en sus puestos. Se lo debemos.

(Publicado en elplural.com y en Asturias24)


Esto nos pasa por tener una Ministra de Sanidad inepta, corrupta y mentirosa

mato

La fantasmada organizada durante el mes de agosto para el traslado a nuestro país del padre Miguel Pajares, contagiado por el ébola, en contra de los criterios de los expertos, fue todo un montaje propagandístico del Gobierno, a imitación de la guerra de las galaxias. Quienes entienden del asunto desaconsejaron el traslado, por carecer la  enfermedad de tratamiento y vacuna fiable, y no disponer nuestro país de unas instalaciones hospitalarias adecuadas; pero los políticos impusieron sus criterios, que ahora sabemos eran claramente erróneos, y ya estamos pagando sus consecuencias.

Escuchar a un político hablar de protocolos es para echarse a temblar, y más si lo hace nuestra inepta ministra de sanidad. Porque poco tiempo después, un cargo de segundo nivel tendrá que dar la cara para decirnos que ha fallado, que debe revisarse, y que la experiencia servirá para que no vuelva a repetirse. ¿No hemos escuchado esta última frase cientos de veces de boca de los políticos?.

 Somos capaces de ser los primeros en todo, en paro, en  corrupción, y ahora también en incapacidad para prevenir los riesgos de una enfermedad mortal. Teníamos un sistema sanitario impecable, envidiado en todo el mundo, que lo hemos puesto en grave riesgo con los salvajes  recortes en lo público, que  se traducen en una falta de control absoluto de situaciones extremas; y lo que ahora ocurre tiene responsables con nombre y apellidos, comenzando la lista por Mariano Rajoy y  Ana Mato, cuya negligencia manifiesta debería de traducirse en su desaparición de la vida política.

Alguien que trabajó recogiendo chapapote a raíz de la catástrofe del Prestige, me comentaba que los trajes utilizados ahora para aislar al personal sanitario se parecían demasiado a los utilizados por entonces. Desconozco si serán los mismos, pero ya se sabe que no eran los idóneos para conseguir un adecuado  aislamiento. Una chapuza más de un país chapucero hasta decir basta.

Ahora ya sabemos que el personal sanitario, que en su mayoría trabaja en condiciones precarias y con manifiesta inestabilidad laboral, no recibió preparación suficiente para hacer frente a sus cometidos, e incluso en muchos casos no llegaron a conocer el protocolo previsto. Las protestas pidiendo la cabeza de la ministra se han extendido por muchos centros de la sanidad pública madrileña,  y tal parece que la marea blanca ha vuelto a la calle.

Resultan irritantes las palabras del Ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, cuando afirma que “si no hubiésemos repatriado a los misioneros seríamos un gobierno indigno“. Indigno, Don Jorge, es usted por aceptar que miembros de la Guardia Civil, que estaban bajo su control,  causasen 15 muertes en el estrecho al permitir la utilización de pelotas de goma para aterrorizar a inmigrantes de color, y aún estamos esperando a que pida disculpas por ello. Es más, su ministerio se está negando a facilitar al Juzgado los nombres de los guardias civiles, y eso puede calificarse como delito de obstrucción a la justicia.

Hacen falta dimisiones, y cuanto antes mejor. No es posible que quienes cometieron los fallos sean las personas idóneas para buscar ahora las soluciones. Este país está infectado de corrupción, de malas artes y de indolencia, y de todo ello es experta Ana Mato. Rajoy la nombró y no la cesó, a pesar de estar gravemente contaminada por el Caso Gürtel; pero ahora no puede mirar para otro lado porque se está jugando su propia cabeza. No hacerlo, después de todo lo que le está  viniendo encima, sería un grave error político que le puede pasar factura. Aunque perder dos ministros en menos de un mes  puede resulta insoportable.

Ahora matemos al perro de la víctima, que eso sí es una medida eficaz y contundente, mientas permitimos que Ana Mato salga viva de esta guisa. Porque, no lo olvidemos, ningún partido político ha pedido expresamente su dimisión. ¿A qué tendrán miedo?.

(Publicado en elplural.com)


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