Continuando con la visita a las kasbahs de Marruecos, en la zona de Quarzazate hoy nos detenemos en la kasbah de “Taourit”, antigua residencia del Pachá de Marraquech.
En el interior hay un laberinto de pasillos, escaleras, y habitaciones con los techos decorados
Recorriendo Marruecos se hace muy difícil transmitir una idea general de lo que el visitante encuentra a su paso. Confeccionar una reducida lista describiendo sus ciudades, sus pintorescas casas o la belleza de sus paisajes se haría siempre insuficiente.
En un plano general podríamos destacar las populares Kasbahs, construcciones levantadas con simple tierra mojada, sin ningún otro revestimiento, cuyos muros se complementan con ladrillos secados al sol y que se levantan como majestuosas fortalezas, que emergen con fuerza entre murallas almenadas. Estas Kasbahs, grandes y pequeñas y que pueden servir de alojamiento para una o varias familias, en su mayoría son enormes palacios, que reflejaban el orden jerárquico de sus habitantes, según clase social y condición económica.
Es famosa la franja, de más de 200 Kms., en el Valle del Dadés, que se extiende por el sur del Atlas. En esta franja se levantan un gran número de espectaculares Kasbahs. Próxima a Ouarzazate, en el pueblo de Air Benhaddou se puede visitar una de estas majestuosas construcciones, con su vieja mezquita. Y en la misma Ouarzazate llama la atención la Kasbah de “Taourit”, antigua residencia del Pachá de Marraquech. Siguiendo esta ruta hacia el Este, pasamos por Skoura, con Kasbahs tan interesantes como las de Ameridil o El Kebbaba. Se podrían seguir describiendo sitios y lugares de esta afamada “Ruta de las Kasbahs”, pero prefiero que sea el viajero animoso el que decida recorrerla personalmente.
Hoy os dedico unas fotos de las Kasbahs de Air Benhaddou
En la costa Norte de Marruecos, a escasos 20 minutos de Tánger, el viajero se encuentra con ASILAH, pequeña localidad marinera con especial encanto y muy acogedora. Para los ojos del visitante, Asilah se presenta como un verdadero rincón de luz. Y es que la luminosidad del cielo, en su esplendor, hace brillar los colores blancos y azules de sus casas. Así es que se la conoce como la “ciudad blanca”.
La pequeña medina del pueblo, con sus estrechas callejuelas, muy silenciosas durante gran parte del día, invita a transitarlas con plena tranquilidad.
Mi buen amigo Carlos Moro Baizán acaba de regresar de Marruecos, país que ha estado recorriendo durante todo el mes de Agosto de norte a sur por rutas y lugares alejados del turismo organizado; vuelve con una buena colección de fotografías. Le he invitado a exponer en este blog una selección de sus mejores fotografías. La preparación del material llevará algún tiempo; pero hoy, revisando el contenido de su última tarjeta, no he podido resistirme a la tentación de preparar un pequeño avance de algunos retratos con miradas limpias y directas, que transmiten buenas sensaciones.