Alija del Infantado es un pueblo de León, de no más de 1000 habitantes, que carece de Centro de Salud, y sus vecinos se ven obligados a recorrer 25 kilómetros para disponer de atención médica. Por ese motivo un grupo de vecinos se desplazaron a Valladolid para hacerse oír en la capital de la Comunidad de Castilla y León. Los manifestantes apenas superaban la treintena, y contabilicé más de 20 policías para mantener “el orden”
El mundo rural sufre un paulatino abandono por parte de los políticos de turno, quienes tan sólo les prestan una mínima atención, cada cuatro años, pero sin grandes esfuerzos al ser su población cada vez más escasa, y por ello de nula relevancia para lograr el triunfo electoral.
Observé también que muchos de los manifestantes eran de avanzada edad, lo que justifica más la necesidad de una atención médica cercana y eficaz; no olvidemos que su salud merece la misma atención que la de los habitantes de las grandes ciudades, en donde los servicios de urgencias se abarrotan a diario, en muchos casos sin necesidad y con un coste de mantenimiento elevadísimo.
De visita en Valladolid el pasado 28 de junio, pude presenciar como espectador la manifestación, y no me resistí a realizar un reportaje fotográfico. Me confundieron con un fotógrafo de prensa -la mía era la única cámara presente- y me transmitían sus reivindicaciones pensando que podría de alguna manera influir en que se hiciesen realidad
Por ese motivo, y porque me sentí identificado con ellos, hoy SInLaVeniA se une a su justa petición, y exige al gobierno del PP en Castilla y León que de inmediato acuerde la creación de un Centro de Salud en Alija del Infantado. Siempre medimos el éxito de las manifestaciones por el número de sus participantes, sin darnos cuenta que lo más importante es la reivindicación que las motiva.
No conozco Alija del Infantado, pero tengo deseos de visitarlo; investigando en internet he sabido que es un pueblo participativo y luchador. Tengo un especial respeto por las peticiones justas del pueblo llano, aún virgen de la contaminación a la que están sometidos los políticos, que sólo piensan en clave de partido, y en la defensa de sus intereses personales.
Esperanza Aguirre, chicle en boca, ha pretendido enfrentarse a unas manifestantes durante la visita a un centro hospitalario, que exigían una sanidad pública, la misma que ha permitido que nuestro país esté a la cabeza de un sistema sanitario socializado, y que ha conseguido que todos los españoles tengan una misma atención médica y hospitalaria.
Desconozco cuales eran los motivos para reírse de los manifestantes, aunque quizás su conducta de desprecio obedezca a su incapacidad para respetar a quienes no piensen como ella. Y es que una buena “liberal” puede llegar a tener esa capacidad para la intransigencia. Pero si he podido escuchar una frase impropia de alguien que aspira a lo máxime, cuando hace alusión a que los manifestantes están pagados para armar follón.
Aunque quizás la mayor lección la ha recibido de una manifestante que le recordó que el hospital estaba construido en suelo público. ¿Es legitimo construir en un suelo que es todos, con dinero público, para permitir la explotación privada de un servicio público?. Es una indecencia, propia de una persona a la que sólo le preocupan sus intereses personales y las de sus amigos más cercanos.
Doña Esperanza, ¿no le han dicho que es de mala educación masticar chicle en público?; ¿aprendió a hacerlo en un colegio del Opus?. Unas clases de Educación para la Ciudadanía, para saber comportarse ante los demás, no le vendría mal.
Sorprende que hoy la máxima preocupación de muchos españoles, y en especial de algunos “miembros” de la Real Academia de la Lengua, sea reprender a la Ministra de Igualdad Bibiana Aído por referirse a “miembras” del Gobierno para distinguir a las mujeres que lo forman de los hombres “miembros” del Gobierno.
La palabra “miembra”, como femenino de miembro, no existe en el Diccionario de la Real Academia; pero quienes critican su uso se olvidan de que hace años tampoco estaban reconocidas las palabras “jueza”, “abogada”, o “médica”; y se olvidan de que los miembros de la Real Academia vienen incorporando al Diccionario numerosos anglicismos por el mero hecho de su utilización habitual.
La ministra Bibiana Aído al ser preguntada sobre su error, comentó con absoluta naturalidad que la palabra “miembra” era habitual en algunos paises de hispanoamerica, y he comprobado -a modo de ejemplo- que lo es en Argentina.
Las mentes de muchos españoles tienen un componente machista acabado en “o”, porque el propio castellano es un idioma machista. Y quienes ahora critican a la ministra, en parte académicos caducos y trasnochados, se olvidan de que una palabra admitida en el lenguaje popular, como puede ser a partir de ahora “miembra”, a medio plazo será aceptada para su inclusión en el diccionario.
Lo más llamativo es que con esta crítica se ha tratado de eclipsar una iniciativa importante de la Ministra de Igualdad consistente en la puesta en funcionamiento de un teléfono destinado a atender a los hombres en problemas de maltrato, igualdad, conciliación y salud.
Pero estoy convencido de que la Ministra de Igualdad intencionadamente trató de provocar una polémica; y lo ha conseguido. Bien, muy bien, por Bibiana Aído.
La palabra “fútbol” es un anglicismo, que ha penetrado en nuestra lengua y ha sido admitido en nuestro Diccionario; ¿alguien se escandaliza por ello?, ¿por qué no decimos balompié? Por cierto la palabra “guay” está reconocida por la Real Academia; quién lo podía pensar hace años?.
Podría ser el título de una entrada musical de Roura, que cualquier día estará de nuevo con todos nosotros; pero en este caso lo he utilizado para daros a todos las gracias.
Mabel, que me conoce muy bien, me recordó hoy la cantidad de recuerdos que me habrán pasado durante las últimas 48 horas por mi cabeza; y no se equivoca. Pero hoy estoy muy contento, he tenido la suerte de que mi padre cumplió su ciclo vital, y se murió simplemente de mayor, como nos gustaría a todos. Por eso quiero reproduciros unas frases de mi hermano Pedro, contenidas en la columna que publica en la Nueva España: “Cuando una vida cumplida acaba, o sea, se cumple, no haría falta decir siquiera “descanse en paz”. La paz ya ha sido ganada y el que la ha ganado la tiene, hasta sin necesidad de que se la deseemos”.
Por cierto ayer saludé afectuosamente a uno de mis principales enemigos políticos: Francisco Alvarez-Cascos; y lo dice con cariño, como puede apreciarse en el testimonio gráfico, porque como persona siempre le he tenido un gran afecto, dentro de la discrepancia. Paco -ayer lo llamé así- propuso por su propia iniciativa la concesión a mi padre de la medalla de San Raimundo de Peñafort, la máxima distinción que puede recibir un abogado; y al enterarse de su muerte cogió un avión, y se desplazó expresamente a Gijón; un gran detalle que le agradezco.
Le pregunté a Paco si en su futuro tenía previsto abandonar de nuevo la vida real y volver a la política, y con gran seguridad me dijo que no, que después de 25 años en la política activa no tenía ninguna tentación de regresar.
Lo que siento, y de verdad, por su talante, tesón y talento, es que Alvarez-Cascos no hubiese sido ideológicamente de izquierdas.
Crecí junto a él, y desde mi niñez supe que quería ser abogado de mayor, como él. Me formé profesionalmente con sus enseñanzas, y compartimos despacho durante más de 25 años, hasta que decidió retirarse a la edad de 80 años. Era un abogado de los de antes, para los que el Derecho y la justicia eran términos sinónimos. Fue siempre un gran hombre y un gran profesional, del que siempre me sentí orgulloso.
Hoy ha muerto, de mayor, a los 91 años; se llamaba Pedro de Silva Sierra, y era mi padre.
Le gustaba mucho la naturaleza, y aprendí desde muy pequeño con él a comprenderla y respetarla. Por eso, como un pequeño recuerdo para un gran hombre, le dedico esta fotografía obtenida en el bosque de Muniellos hace unos años, durante el otoño; tiene muchas hojas, con mucha vida. Es una de mis favoritas.
Enjuto esta vez se enfrenta a un virus y a un antivirus, y consigue pasar de ellos. Ha instalado un nuevo sistema que impide los ataques del virus y hace necesarios los antivirus.
Resulta curiosos hablar de virus, como si fueran epidemias que surgen de la nada, cuando en la realidad son programas que lanzan piratas de la red -en muchos casos apoyados por intereses económicos de grandes empresas- para desestabilizar los sistemas operativos, y creas nuevas necesidades a los usuarios en forma de antídotos, que comportan un gastos del que se benefician sus creadores.
Hace años leí una novela titulada “Proyecto Venus Letal”, publicada en 1989, escrita por Pedro de Silva Cienfuegos-Jovellanos (¿de qué me suenan estos apellidos?), en cuyo argumento se mantenía que el SIDA era un invento de laboratorio promocionado por el Papa y por los Estados Unidos para moralizar a la sociedad y alejarla del pecado del sexo descontrolado y la concupiscencia, y de paso -esto es de mi cosecha- permitir que las multinacionales farmacéuticas hiciesen buenos negocios con la invención y distribución de fármacos que luchasen contra la enfermedad. Quizás pueda tener algo de verdad, al menos en cuanto a la relajación en buscar soluciones para conseguir el doble beneficio “moral” y económico.
La sociedad funciona así; nos inventamos males y nos creamos enemigos para después investigar antídotos o justificar guerras. Igual pasa con los virus y los antivirus. En el fondo Enjuto nos envía un mensaje mucho más profundo del que pretendía.
Me gusta el deporte en general, y en muchas ocasiones veo retransmisiones deportivas a través de la televisión, como una actividad menor, lúdica, de descanso y distracción. Pero lo que está pasando en este país con algunos deportes profesionales, y en especial con el fútbol, resulta nefasto, y recuerda épocas pasadas, que creíamos ya superadas, en las que el deporte se fomentaba para distraer a los ciudadanos como fórmula de anular sus mentes.
El pasado lunes, la noticia de la muerte de Calvo Sotelo -uno de los presidentes de gobierno de la democracia más respetados por todos- quedaba ensombrecida por el triunfo del Real Madrid. Ningún medio de comunicación escatimó letras, palabras o imágenes para convertir como noticia principal del día la conquista de su nuevo título de liga.
Entre todos convertimos en estrellas millonarias a jóvenes ciudadanos mediocres de mente, cuyo único mérito es correr detrás de un balón en un rectángulo cubierto de hierba. Fabricamos personajes, vanidosos y engreídos, y les permitimos que sean “importantes”, a costa de ensombrecer el desarrollo cultural de un país, que pasa a convertirse en un objetivo secundario.
¿Es bueno que un país fabrique ídolos de barro?….. Resulta evidente que no.
José Couso se ha convertido en un símbolo, al haber sido víctima de una cruel persecución a la libertad de información; le ha costado la vida su intención de informar con veracidad, y los culpables, a pesar de tener nombres y apellidos, no son perseguidos por la justicia.
Eneko le ha recordado en el quinto aniversario de su muerte, con una magistral historieta gráfica. No debemos NUNCA olvidarnos de lo sucedido el 8 de abril de 2003, ni de la impunidad de sus asesinos. ¿Os acordáis del trío de la Azores? Ellos son los principales culpables de su muerte.
Os recomiendo visitar esta página en donde disponéis de toda la información sobre lo sucedido.
Es muy complejo saber con seguridad si pudo evitarse la muerte de Mari Luz. Precisaríamos conocer el contenido de las resoluciones judiciales, la fecha de sus firmezas, el funcionamiento interno de cada Juzgado, y si de haberse exigido su cumplimiento estaría ya en libertad Santiago del Valle. Pero su muerte al menos ha servido para destapar las vergüenzas de los numerosos culpables que pueden contribuir a que esto suceda por dejación de funciones, apatía o incumplimiento de sus obligaciones. Porque las irregularidades que ahora se denuncian pasan, a diario, en este país, sin que nadie se haya preocupado de solucionarlas; y sólo salen a la luz cuando es asesinada una niña de corta edad.
Decir que el Juez del Juzgado de lo Penal, 1 de Sevilla, Rafael Tirado Márquez, es el culpable de todo es una ligereza que forma parte del inevitable espectáculo mediático; como lo es que el propio Juez impute la culpa a una funcionaria; pensar que la investigación del Ministerio Fiscal llegará al fondo del asunto es otra ligereza, y los profesionales del Derecho saben muy bien que los Fiscales no están en este país para dar ejemplo del buen hacer; creer que el Consejo General del Poder Judicial investigará con rigor lo sucedido, es convertirle en juez y parte, cuando su inspección fue incapaz de detectar irregularidades en el Juzgado de donde se afirma nacen los males; e imaginar que poner en práctica las “ocurrencias” de los políticos para quedar bien son la solución es creer en los Reyes Magos (Don Mariano ¿qué tendrá que ver el mal funcionamiento de la Administración de Justicia con el endurecimiento de las penas?).
¿Quienes son los culpables? Todos y ninguno, ya que un deficiente funcionamiento de la Administración de Justicia a todos los niveles contribuye a que “todos” tengan algo que ocultar y a que “nadie” esté limpio del todo para que pueda exigir responsabilidades a los demás, lo que contribuye a que las negligencias “casi siempre” queden impunes (dentro de un año comprobaremos que “todo” lo que ahora sucede y se denuncia ha quedado en “nada”; y tendrá que producirse otra muerte para que reaccionemos y “todos” nos rasguemos de nuevos las vestiduras). Pero comencemos buscando culpables, y empecemos por arriba:
–El Ministerio de Justicia, que debería de proponer de inmediato modificaciones en la tramitación de los procesos judiciales para agilizarlos eliminando formalismos innecesarios, y dotar a la Administración de Justicia de un sistema informático capaz de evitar que lo sucedido pueda volver a producirse.
–El Consejo General de Poder Judicial, que se dedica más a hacer política que a controlar el día a día de lo que sucede en el funcionamiento de nuestra Justicia. ¿Inspecciones?; yo las llamaría más bien pantomimas, carentes en muchas ocasiones del más mínimo rigor (en alguna ocasiones las anuncian por adelantado, dan tiempo al Juzgado para que “se prepare”, y todos quedan bien).
–Algunos Magistrados y Jueces (tengo que reconocer que la mayoría cumplen, y muy bien, la misión que los ciudadanos les hemos encomendado), que retrasan meses e incluso años, sin justificación alguna, sus resoluciones judiciales, sin que sean apartados de sus funciones ni expulsados de la carrera judicial; cuando el retraso es “escandaloso” suelen darse de baja por depresión, y con ello blindan su puesto de trabajo ya que sólo ellos pueden dictar las sentencias pendientes de resolución.
–Un porcentaje pequeño, pero muy significativo, de otros funcionarios de la Administración de Justicia, que incumplen a diario sus obligaciones, sin que nadie haga nada por evitarlo, y que motivan retrasos injustificados y pérdida de calidad en nuestra justicia. En algunos casos su presencia física en los juzgados no supera el 60% de su jornada laboral; y ello sin contar sus permisos, bajas y ausencias injustificadas.
No he dicho ninguna mentira (cada afirmación podría ser respaldada por hechos reales y conocidos personalmente), muchos se ofenderán, pero todos los que conocen el mundo de la Justicia me darán la razón.
¿Por qué ocurre todo esto? Porque nunca pasa nada, y los negligentes quedan en la mayor parte de los casos impunes de sus irresponsabilidades. Muchos de ellos en la empresa privada no durarían una semana en su puesto de trabajo; pero como lo han ganado por oposición consideran que su puesto de trabajo es vitalicio.
¿Soluciones? Se me ocurren muchas. ¿Alguien está dispuesto a ponerlas en práctica con todas las consecuencias?; si lo hace, puede contar con mi colaboración.
A finales del año 2006 se difundió la noticia de que dos sacerdotes italianos habían puesto en internet un confesionario virtual: rellenando un cuestionario, en el que detallabas tus pecados poniendo cruces en las casillas correspondientes (en supuestos de tocamientos impuros era necesario poner el número de veces para “elevar” el morbo del confesor), a los pocos días te llegaba un e-mail con la absolución, previo cumplimiento de la penitencia impuesta. Pronto se descubrió que todo era un montaje lanzado como “noticia-spam” por un ciber ocioso.
Ahora nos llega la noticia de que la Iglesia se renueva modernizando el listado de los posibles pecados, entre los que se incluye ser millonario y usar el preservativo; por lo que si tienes mucho dinero debes de hacer el amor a pelo, para no pecar por duplicado.
Pero la alarma ha sonado, al existir una escasez de confesiones, lo que contribuye a la falta de arrepentimiento de muchos pecadores, que se verán abocados al infierno eterno; al menos eso era lo que me decían los curas durante mi época de estudiante. Y nuevamente ha surgido la idea de organizar confesiones on line, que efectuadas colectivamente pueden contribuir al conocimiento de los pecados del prójimo, con el morbo añadido que puede generarse.
Puede ser una buena idea para algunos; pero personalmente me inclino más por el confesionario tradicional, como Dios manda, en el que en directo puedes arrepentirte de tus pecados ante el cura de turno. La confesión virtual no permite el acercamiento físico entre confesante y confesor, y puede producir dudas sobre la sinceridad del arrepentimiento.
La verdad es que no se por qué me enrollo en este dilema; sí, como dijo Buñuel, “soy ateo gracias a Dios”, y por ello no me siento pecador, no tengo necesidad de arrepentirme de mis maldades; me es suficiente compartirlas con todos vosotros.