La iglesia católica, como es habitual, siempre “predica con el ejemplo”; y que mejor para hacerlo que la propia jerarquía eclesiástica, “tan acertada” siempre en sus análisis sobre los problemas de la sociedad. Parece que son sus componentes quienes tienen la misión divina de transmitirnos los mensajes de Jesucrito, y de velar porque todos los creyentes cumplan con su doctrina. Afortunadamente los no creyentes no estamos obligados a obedecerles, y nuestra libertad de conciencia nos permite cumplir un papel mucho más limpio, honesto y constructivo en la sociedad.
Cada vez se hace más necesario recordar a los católicos “creyentes” y “practicantes” que cumplan con los diez mandamientos; y no es excusa que tengan la facultad de arrepentirse de sus pecados una vez cometidos.
Tradicionalmente en España la Iglesias católica siempre ha “presumido” de querer dar ejemplo a los herejes de cómo deben comportarse en sociedad. Y para ello nada mejor que enarbolar el contenido de los “Diez Mandamientos”, para indicarnos lo que podemos y no podemos hacer los demás, que no somos ni creyentes ni practicantes.