Son concejales del Partido Popular en el Ayuntamiento de Gijón, elegidos democraticamente en las últimas elecciones municipales por miles de ciudadanos que creyeron en sus promesas y en su honestidad política. Pero han engañado a sus votantes y estafado a cuantos consideraron que eran personas adecuadas para defender los intereses de Gijón; simplemente van a lo suyo, como cientos de políticos de este país.
Se llaman Eduardo Junquera, Luis Crego y Pedro Muñiz, y ocuparon en las elecciones municipales los puestos 2º, 3º y 7º en la lista electoral del PP; su objetivo político, como expresamente reconocen, “no es el bien de Gijón“, sino obtener el poder a cualquier precio, porque para ellos todo vale en política con tal de ganar unas elecciones.
Emilio Noval, un ex-militante del PP que fue expulsado del partido por criticar lo que ahora denuncia, los ha puesto en evidencia; las grabaciones difundidas en el día de ayer por la práctica totalidad de los medios de comunicación de ámbito nacional, regional y local son incontestables, y no ofrecen la menor duda sobre el concepto de hacer política que se tiene en el PP de Gijón.
En las cintas, Pedro Muñiz afirma, sin titubeos: “La verdad es que estamos en un partido político y el fin primordial del partido político, y hay que decirlo y dejarnos de demagogias, no es el bien de Gijón. Y por el bien de Gijón, ¿les vamos a dar las cosas para que lo hagan los socialistas? No … el fin es ganar y hay que ganar como sea“.
Pero las declaraciones más deleznables son las de Luis Crego, Coordinador del grupo municipal del PP en el Ayuntamiento de Gijón, cuando se pregunta“¿Pero nos conviene a nosotros políticamente que el balneario salga, que el Muro sea una referencia nacional y que Gijón sea el culmen de la limpieza en toda Europa y nos den la escoba esta de platino? Pues, evidentemente, no“; y llega a afirmar que es preciso poner “la mayor cantidad de arena en los ejes para que al equipo de gobierno no le salgan las cosas bien. Porque si al equipo de gobierno le salen las cosas bien, como si Zapatero logra el pleno empleo en dos años, nosotros no gobernamos“. Pero por si no fuese suficiente sus declaraciones sobre los peces del Balneario no tienen desperdicio.
Pilar Pardo, Presidenta del PP de Gijón y Senadora por Asturias se defiende acusando al PSOE de connivencia en las filtraciones, y hace mención a que las grabaciones están manipuladas y sacadas fuera de “contexto”; y los concejales del PP anuncian acciones legales contra Emilio Noval por el delito de “descubrimiento y revelación de secretos”, como si fuese punible descubrir las miserias de los políticos; con tales posturas hacen un flaco favor a sus compañeros y se descalifican a sí mismos al pretender justificar una estafa política. convirtiéndose en cómplices y encubridores.
Si los concejales descubiertos in fraganti tuviesen una mínima decencia personal, por vergüenza dimitirían de inmediato de sus cargos y abandonarían la política activa. No lo harán, pero sepan que han quedado descalificados para siempre ante los gijoneses; siempre que critiquen o prometan algo todos pensaremos que nos están engañando.
“Una semana muy negra” es el título de una novela de intriga publicada por Pedro de Silva hace algunos años, que gira en torno a la Semana Negra de Gijón, que antaño se calificó por muchos como un encuentro literario-festivo-mediático-político; pero que con el transcurso del tiempo ha ido decayendo hasta el punto de que en la actualidad no pasa de ser una feria cutre del bocadillo y las barracas, y una manera de que Ignacio Taibo II visite Gijón durante dos meses, nos venda un producto ya acabado, y se vuelva a México con la recaudación.
“La Semana Negra” ya no es lo que fue en sus inicios, y sus actividades culturales se resumen a concentrar a un grupo de amigos del Sr. Taibo, que pasan gratis una semana en Gijón, a costa en parte de los impuestos de los ciudadanos, y aprovechan para comer, beber, divertirse y en especial alabarse unos a otros. Y no es para menos si tenemos en cuenta que Ignacio Taibo II es un sectáreo de la cultura, que sólo cree en la que auto-define de izquierdas, y que no admite críticas en sus planteamientos; y por eso organiza sus festejos “culturales” a su imagen y semejanza.
Cada uno puede organizar lo que le venga en gana, y nada tendría que decir sí no perjudicase a los demás; pero no se puede admitir que se instale en el casco urbano, ocupando en pleno verano la playa de Poniente -que es de todos y para disfrute de los gijoneses- y fomentando un ambiente en donde la higiene, la salubridad, la seguridad y el respeto al medio ambiente se encuentran ausentes.
Se dice que la hostelería se beneficia de la celebración de la Semana Negra, y no es cierto; sólo obtienen lucro los negocios más cercanos y los chiringuitos que sirven comida con arena de playa a poco que se levante el viento. Ayer mismo he podido comprobar cómo muchos negocios de hostelería del centro de la ciudad -y en especial los más cercanos a la Plaza Mayor- se ven obligados a cerrar durante estos días por falta de clientela.
Pero lo peor de la Semana Negra radica en que durante 10 días (es la semana más larga del año) la playa de Poniente se convierte en un lugar en donde se depositará todo tipo de suciedad (vasos rotos, restos de comida, papeles, colillas y excrementos humanos), que se mezclará con una arena que no es bañada por el mar. Y es más que seguro que las consecuencias se sufrirán durante toda la temporada de verano.
No entiendo como el Ayuntamiento de Gijón apoya sin reservas su celebración en las condiciones actuales y mucho menos que permita su instalación lindando con viviendas habitadas, cuando por orden judicial ha sido prohibida su celebración en las inmediaciones del Parque de Isabel la Católica como consecuencia de la contaminación acústica, en una zona en la que las viviendas se encuentran mucho más alejadas. Es una manera de no respetar las normas medioambientales, y burlar el contenido de una resolución judicial.
Sr. Taibo, la cultura no es de izquierdas ni de derechas, es simplemente cultura; pero la cultura ha de ser siempre limpia y respetuosa con el medio ambiente. Por eso no creo en su concepción de la cultura; cultura no es cutrez, y la actual Semana Negra se parece más a esto último.
La aparición de unos rayos de sol es suficiente para que La Cuesta del Cholo se llene de gentes que comparten la sidra con las pipas. Ubicado en el barrio de Cimadevilla, junto al puerto deportivo, este rincón es uno de los lugares más queridos y compartidos por los gijoneses
La foto fue tomada ayer, 9 de julio de 2008, a las 21,31 horas, aprovechando la mejor luz del día.
Datos de interés:
Cámara Canon 5D
Objetivo: zoom 24/70 mm
Focal: 70 mm
Iso: 160
Velocidad: 1/125segundos
Diafragma 11,00
Hay ciudadanos cuya mentalidad les impide que se hagan compañía un cuadrado y un círculo, hasta el punto de que cuando hacen la O con un canuto les sale cuadrada.
El pasado lunes nos juntamos con unos amigos, y un total de cinco personas decidimos improvisar una cena de picoteo para pasar un rato agradable. Y como estábamos en el barrio Cimadevilla decidimos visitar Casa Fede, aprovechando que había dos mesas libres, una cuadrada y una redonda; pero cual fue nuestra sorpresa cuando al entrar el dueño y/o encargado nos dice que los cinco no cabemos en la mesa cuadrada, y no se puede juntar con la mesa redonda; en pocas palabras nos decía que nos marchásemos, porque no había un sitio adecuado para quedarnos.
En el fondo la postura de quién no supo o no quiso atendernos escondía un puro afán especulativo, en la creencia que era mejor esperar la llegada de dos grupos de cuatro personas para completar las ocho sillas que rodeaban ambas mesas; sin percatarse que la ambición rompe el saco, y es muy posible que no haya conseguido su propósito. Quizás si hubiese sabido que éramos de Gijón -y por tanto clientes futuros potenciales- no hubiese actuado así, pero nos confundió con un grupo de turistas, posiblemente al verme al hombro mi inseparable cámara fotográfica, con la que pude captar esta foto.
No se como se come en Casa Fede, ni lo sabré nunca; no me interesa, ni pienso volver, ni recomendar a nadie que lo haga. Una desagradable y despreciable experiencia ya es suficiente. Lo lamentable es que muchos hosteleros de Gijón se quejan de la crisis, pero cuando piensan que pueden hacer bingo anteponen sus intereses a una buena atención. Y no quiero pensar que haya influido el hecho de que una de las personas que me acompañaba ocupaba una silla de ruedas. aunque no lo descarto; de ser así estaríamos ante un grave acto de discriminación.
En resumen, si quieren pasar un rato agradable en Gijón ya saben donde no tienen que ir.