

Según lo previsto, llegamos a las 13 horas a Anib Lodge, un oasis de tranquilidad, situado entre grandes palmeras y árboles gigantes, con una pequeña piscina, y con tan sólo 8 habitaciones; es un lugar altamente recomendable, que se ubica en una granja de unas 10.000 hectáreas, sita en el desierto del Kalahari.
Después de una excelente comida, nos preparamos para visitar en un 4×4 las dunas rojas del Kalahari; lo que hicimos durante unas 4 horas, sin salir en ningún momento del terreno que ocupa la granja. Nos llamaron la atención los árboles en los que el pájaro tejedor construye sus nidos, que pueden llegar a medir hasta 5 metros de ancho, y en los que viven cientos de parejas de pájaros
Bajo la sombra de este árbol se cobijaba un pequeño rebaño de ovejas
Y pudimos ver paisajes como este
Así como los primeros springbuck (gacelas)
Volvimos de noche, y nos cruzamos con un grupo de cazadores que iban en vehículos provistos de grandes focos para cazar de noche; afortunadamente fue la única ocasión en nuestro viaje en la que pudimos intuir las batidas de caza mayor que se practican en Namibia, y por las que algunos turistas pagan enormes cantidades de dinero por una pieza que ya tienen convenida. Caza «a la carta» que denigra la naturaleza humana, y que constituye un buen negocio para muchos.










