Se llama Alfonso Ferrada, fue alcalde de Burriana (Castellón) desde 1995 hasta el año 2007, es socio político de Carlos Fabra y sus familiares más cercanos son titulares de cuentas corrientes en Andorra. Actualmente está imputado en una causa de presunta corrupción urbanística por el Juzgado de Instrucción nº 1 de Vila-Real, al haber sido admitida a trámite una querella presentada por el Partido Socialista del País Valenciano por los presuntos delitos de prevaricación, tráfico de influencias, malversación de fondos públicos, cohecho, contra los recursos naturales y el medio ambiente, de infidelidad en la custodia de documentos y de violación de secretos y de negociaciones de actividades prohibidas.
Pero la noticia es que el pasado 25 de marzo ha sido nombrado senador por las Cortes Valencianas a propuesta del PP. Su condición de imputado por presunta corrupción, no ha sido obstáculo para que sustituya en el Senado a Andrea Fabra (hija de Carlos Fabra), al haber sido aquélla elegida diputada por el PP en las últimas elecciones generales.
¿Un premio por los «servicios prestados»?, ¿Un reconocimiento a su «desinteresada» labor en favor del desarrollo urbanístico de Castellón?. Lo cierto es que es todo un blindaje para poner trabas a la investigación judicial actualmente en trámite, dado que al pasar a su nueva condición de aforado el juez instructor que investigaba los supuestos delitos pierde competencia en favor del Tribunal Supremo, y todos sabemos lo «perezosos» que son sus miembros a la hora de investigar y perseguir las andanzas de nuestros parlamentarios.
Lo triste es que Ricardo Costa, portavoz del PP en las Cortes Valencianas, justifica su nombramiento al asegurar que a su partido le parece totalmente «ético» que se elija como senador a una persona imputada por presuntos delitos de corrupción urbanística.
El PP se hace más fuerte en la Comunidad Valenciana cuanto más es el nivel de corrupción urbanística que se detecta. Poco podrá hacer el Partido Socialista para contrarrestar el triunfo electoral de la derecha en una situación tan atípica, en la que a los votantes nada les preocupa este tipo de escándalos.
Como mantiene Savater la ética se define como «el arte de saber vivir«; solo así pueden entenderse las desafortunadas declaraciones del portavoz del PP.



