
El pasado 29 de febrero el Financial Times, periódico internacional de negocios, de alta reputación a nivel mundial, publicaba unas declaraciones de Gabriel Elorriaga, Secretario de Comunicación del PP y uno de los estrategas de su campaña electoral, en las que reconocía que la única posibilidad de obtener un triunfo el próximo 9M pasaba por una elevada abstención de sus oponentes: «Nuestra estrategia se centra en sembrar dudas en los votantes socialistas […], sabemos que nunca nos van a votar, pero si logramos crear suficientes dudas sobre la economía, la inmigración y los nacionalismos, quizás se queden en casa«.
De inmediato Gabriel Elorriaga se apresuraba en un comunicado a negar sus declaraciones, llenas de ingenuidad y torpeza en alguien que debe de dar ejemplo de discreción en sus apreciaciones. Pero pocas horas después la periodista que le había entrevistado ratificaba en Hora25 de la Cadena Ser las manifestaciones publicadas:
Los dirigentes del PP parecen no confiar en ellos mismos, ni en sus votantes; ignoran que la democracia se consolida y fortalece con la participación de los ciudadanos a través del voto. Es legítimo defender la abstención como una opción más, pero no lo es crear confusión y catastrofismo para desmotivar la participación de los votantes. Es una táctica deleznable que sólo la pone en práctica un partido cuyos dirigentes no tienen firmes convicciones democráticas y tan sólo creen en los ciudadanos cuando los resultados les son favorables.
Durante 4 años hemos tenido que sufrir la amarga experiencia de una oposición obstruccionista y crispadora, que ha tratado de dañar la credibilidad de nuestras instituciones, y poner incluso en peligro el Estado de Derecho, al no haber asimilado una derrota electoral. Los ciudadanos, como dijo recientemente Zapatero, NUNCA SE EQUIVOCAN, acertaron el 14 de marzo de 2004, y acertarán el 9 de marzo de 2008, sea cual sea el resultado.
Cuanto más alta sea la participación, mayor reflejo tendrá en el resultado electoral el parecer de la mayoriía de los españoles. Y eso es muy bueno para fortalecer la democracia.








