

El PP, para desmarcarse de las trágicas consecuencias de la guerra de Irak, ha insistido hasta la saciedad en que España no participó directamente en el genocidio, ya que los soldados españoles no fueron a disparar sus armas sino en misión «pacificadora».
Estos días han comenzado la declaraciones ante el juez Grande-Marlaska por el accidente del avión Yak-42 que, en mayo de 2003, al estrellarse, provocó la muerte de 62 militares españoles. Los resultados de la investigación inicial confirmaron las escandalosas mentiras del por entonces Ministro de Defensa Federico Trillo.
Aunque su autor aún no ha declarado, hoy ha salido a la luz el contenido de una carta escrita en el 2005 por el vicealmirante Jose Antonio Martinez Sainz-Rosas, en la que explica las limitaciones presupuestarias existentes en la contratación de los vuelos de refuerzo a Afganistán, en parte debidas a los gastos que había supuesto la participación en la guerra de Irak.
Ahora descubrimos que la muerte de 62 militares españoles forma parte de los efectos colaterales de la guerra de Irak.








