
Tomas Delgado es un ciudadano de la Rioja, a quién todos conocemos por haber atropellado a un ciclista menor de edad, causándole la muerte. La presión mediática ya ha conseguido el objetivo de que sea criticado, humillado e insultado por la práctica totalidad de los españoles. Ya sabemos que era travieso de niño, delincuente en su juventud, y un desaprensivo en la actualidad; y el pasado martes en la Cuatro podíamos escuchar a muchos de sus vecinos que, escondiendo sus rostros, no tenían reparo en insultarle, atribuirle todo tipo de fechorías, y calificarle de delincuente, sin prueba alguna. E incluso una «comentarista» de la CUATRO se atrevía a descalificarle por su aspecto. Y es que en este país cuando queremos despellejar a alguien todos somos iguales.
Desconozco quién es y a qué se dedica Tomás Delgado, ni me importa; soy respetuoso con la vida privada de todos, y no voy a hacer una excepción. Pero le defiendo porque tiene derecho, como todos, a la presunción de inocencia, y tan sólo me voy a referir al accidente de tráfico y la demanda judicial que le convirtió en un personaje mediático y perverso.
Por lo que conozco, el accidente se produce cuando un vehículo circula de noche por una carretera general y de gran tránsito, y se ve sorprendido por la presencia inesperada de un ciclista que, sin respetar un Stop, y circulando sin luces, se le cruza en la calzada, no pudiendo evitar alcanzarle, ocasionándole la muerte. Parece ser que en el atestado de la Guardia Civil de Tráfico no se consideró excesiva la velocidad del vehículo, y presumo, como no puede ser de otra manera, que la culpa era imputable al ciclista; aún así los padres fueron parcialmente indemnizados por la compañía de seguros del vehículo, aunque podían haberse negado en base a una causa legal, como es la culpa exclusiva de la víctima.
En tales circunstancias Tomás Delgado podría estar legitimado legalmente para reclamar los daños y perjuicios sufridos, motivados por la grave imprudencia de un menor de edad (¿nos olvidamos de la responsabilidad de los padres por permitir que su hijo conduzca de noche una bicicleta por el lugar donde se produjo el accidente). Yo en su lugar no lo haría, pero la ley le ampara para formular la reclamación, y sería en una sentencia judicial donde el juez competente debería de estimar o no su reclamación.
La muerte de un ser humano produce tristeza, y se siente más cuando se trata de un jóven que fallece en esas circunstancias; pero no debemos de buscar necesariamente un culpable. He visto en la CUATRO el lugar en donde se produjo el atropello, por el que circulaban sin cesar vehículos y camiones a no menos de 100 km/hora, y mi experiencia como abogado en ejercicio, y con varios miles de juicios celebrados por accidentes de tráfico, me dice que el 99% de los conductores, en las circunstancias en las que se encontró Tomás Delgado, no habrían podido evitar el accidente y sus consecuencias mortales.
Estoy convencido, porque opino con conocimiento de causa y no con la ligereza de los medios de comunicación habidos de captar audiencia y generar ingresos, de que el atestado fue remitido al Juzgado, y un Juez, con el visto bueno del Fiscal, decretó el archivo de la causa, por no encontrar indicios de criminalidad; los padres pudieron recurrir el archivo, y muy posiblemente no lo hicieron. Es perverso que, por presión mediática trate de aperturarse la causa e investigarse de nuevo el accidente. La justicia no puede actuar por impulsos y por presiones; y si lo hace deja de ser justicia, y pasa a formar parte del circo mediático.








