
El 26 de marzo de 2003, en las dependencias del Ayuntamiento de Gijón, durante una acalorada discusión con una concejal de IU en relación a la guerra de Irak, el concejal del PP Juan Carlos Santos le contestó «…todo es culpa de la puta democracia…»; y aunque posteriormente se justificó en base a que la frase se había pronunciado en un momento de acaloramiento, parece evidente que el subconsciente le traicionó en público, y su verdadera imagen se hizo patente.
Pese a ello Juan Carlos Santos continúa, como concejal del PP, en la política activa. Ahora está más callado para evitar un nuevo error, pero no ha renunciado a alcanzar mayores cotas de poder, y hasta hace 72 horas aspiraba a ser incluido en la lista para el Senado, por Asturias. Pero no ha podido ser, el PP ha decidido dejarlo al margen de la contienda electoral; se comenta que con ello se margina a los gijoneses, en favor del centralismo ovetense.
Como gijonés lo considero un acierto; no es bueno ni decente que los escaños del Senado estén ocupados por políticos con una mentalidad tan reaccionaria. Parece evidente que el PP en este caso ha acertado, y de verdad. Lo que no entiendo es que permitan que un militante que tiene un concepto tal «especial» de la democracia continúe en su partido.








