
El empate técnico entre PP y PSOE parece una evidencia, por mucho que las encuestas sitúen en mejor posición a los socialistas en porcentaje de votos. Ya nadie se cuestiona que no es imprescindible obtener mayor número de votos para ganar unas elecciones; en 1999 en las elecciones autonómicas catalanas Maragall obtuvo mayor número de votos que Jordi Pujol, y sin embargo CIU obtuvo cuatro escaños más que el PSC; el sistema electoral catalán prima a las provincias menos pobladas, en detrimento de Barcelona, y tiene esas consecuencias. Y a escala nacional incluso los desajustes de distribución de escaños y la aplicación del «sistema d´Hondt» como metodo electoral, pueden tener mayor relevancia. El pasado 24/12/2007 en la portada de PÚBLICO se reflejaba gráficamente una situación que debería de corregirse: IU precisa 250.000 votos para conseguir un escaño, y al PSOE y PP le son suficientes 70.000 votos. El sistema debería de modificarse, pero quienes pueden hacerlo serían los principales perjudicados.
En esta situación parece evidente que el PP dispone de un apoyo popular poco crítico pero muy consolidado, y necesita elevar su porcentaje buscando un sector de los indecisos, es decir los que se inclinan por pequeños detalles a uno u otro partido, y que en muchos casos deciden el resultado final. Para ello acudirá a promesas demagógicas, como es la bajada de impuesto sin definir cómo y cuándo, o la eliminación del canon digital -a sabiendas de que nunca podrá tener lugar por imperativo de normas comunitarias- ; y en especial utilizará la ambigüedad, es decir la falta de definición en determinadas cuestiones, como lo está haciendo con el tema del matrimonio homosexual (que lo considera inconstitucional pero no se atreve a prometer la derogacion de la ley que lo permite), o en relación a la AVT (está, pero no está apoyando a Alcaraz), o en su postura respecto a la posición oficial de los obispos (no apoya el radicalismo ultraconservador de la Iglesia pero censura al Gobierno por oponerse a él).
El PSOE puede ganar las elecciones, pero necesita firmeza y solidez en sus promesas, transmitir mensajes de claro avance social, y en especial convencer a sus posibles votantes de que es preciso acudir a las urnas. El votante de izquierdas es más crítico, no admite la ambigüedad, y es más difícil de movilizar. Parece evidente que en España sigue habiendo mayoría de izquierdas, pero el resultado final dependerá del índice de participación, y cuanto mayor sea esta, mayores posibilidades tendrá el PSOE de ganar las elecciones.
Rajoy confía en la ambigüedad, pero cuanto más evidente se haga puede que produzca el efecto contrario al que pretende, y sirva para movilizar al voto crítico de la izquierda. Pronto lo sabremos; y es posible que los dos debates anunciados pueden tener una influencia decisiva en el resultado final.
(Ultima hora: el diario PÚBLICO da a conocer hoy una macro-encuesta realizada en diciembre pasado en la que, a dos meses de las elecciones, atribuye al PSOE 167 diputados y al PP 151. Por lo que prácticamente se convertiría en una prolongación de la actual legislatura; de ser así esperemos que cambie en el estilo. En los próximos días será desgranada, y tendremos ocasión de comentar en profundidad su contenido.)






