
Las grandes empresas, para elevar su beneficios, incitan incesantemente al consumo, a costa de la explotación de los trabajadores a su cargo. Y esta situación adquiere mayor incidencia durante las navidades, y en especial durante los días de fiesta, en los que una parte de la población se ve obligada a trabajar para que el resto sacien su consumismo enfermizo e incontrolado.
Es innegable que el absentismo laboral ha crecido de forma alarmante en los últimos tiempos, y la apatía y desinterés de una pequeña parte de la población trabajadora es una realidad; pero la mayoría de los currantes cumplen, se sacrifican en exceso, y todo ello para obtener unos salarios en muchos casos ridículos.
Sin embargo la juventud actual, víctima del consumismo y poco motivada para la protesta, no se moviliza contra una situación no deseable que lastra sus perspectivas de futuro. ¿Que hacen los sindicatos?: nada, en la práctica son inexistentes, y tan solo son válidos para quienes los controlan. En voz alta y por escrito, lo expuesto constituye una reflexión sobre una realidad que tan solo puede corregirse:
–Exigiendo a los políticos que defiendan más los intereses de los trabajadores, aunque sea a costa de que los beneficios de las grandes empresas se reduzcan con una redistribución más adecuada.
–Obligando a los sindicatos a cumplir sus compromisos en defensa de TODOS los trabajadores.
–Forzando a los empresarios, si es preciso con medidas de presión pacificas, para que respeten los derechos de los trabajadores y los compensen con una retribución más adecuada.
Por el momento empezaría obligando a las grandes superficies para que respeten el descanso que sus trabajadores se merecen durante los domingos y festivos (incluidas las fechas navideñas). ¿Es mucho pedir?








