Cada vez se hace más necesario recordar a los católicos «creyentes» y «practicantes» que cumplan con los diez mandamientos; y no es excusa que tengan la facultad de arrepentirse de sus pecados una vez cometidos.
Tradicionalmente en España la Iglesias católica siempre ha «presumido» de querer dar ejemplo a los herejes de cómo deben comportarse en sociedad. Y para ello nada mejor que enarbolar el contenido de los «Diez Mandamientos», para indicarnos lo que podemos y no podemos hacer los demás, que no somos ni creyentes ni practicantes.
Hace unos días el arzobispo de Granada era condenado por una falta de injurias al levantar un falso testimonio -que en lo terrenal es tipificado como delito- respecto de un sacerdote que se encontraba bajo su jurisdicción y mandato. Y no solo no se arrepentía sino que justificaba «su pecado»; y la justicia terrenal le condenó por ello.
Estos días nos enteramos de que en la COPE -la emisora propiedad y controlada por los obispos-, a través de su portavoz radiofónico Sr. Jiménez Losantos, se recomienda a Rajoy que desmienta sistemáticamente a Zapatero independientemente de que sea «verdadero o falso»; es decir no solamente defiende y justifica la mentira, sino que la recomiendan, y con ello fomentan y justifican el pecado. En definitiva cuando nos deberían de predicar el «amor a la verdad», nos aconsejan la mentira la calumnia y el falso testimonio (Sodoma y Gomorra en versión «lift»).
No piensen que le estoy cogiendo manía a la Iglesias católica; me limito a reflejar su auto-destrucción que lleva aparejada la pérdida de los valores «morales» que tanto han venido defendiendo. La jerarquía eclesiástica española debería recobrar la sensatez, y aconsejar a sus miembros -ya caducos en cuerpo y alma- que en el purgatorio no falten a las clases de «Educación para la Ciudadanía», como único camino para alcanzar el cielo y la vida eterna.
(éste artículo es el primero de una serie de 10, cada uno de los cuales estará dedicado a un mandamiento)
