
Hoy 20 de noviembre de 2007 se cumplen 32 años de la muerte de Franco. Es una fecha en la que los nostálgicos del franquismo, que aún los hay y muchos, celebran con tristeza la muerte del dictador
Pero para muchos es un día importante, porque recuerda el fin de una opresión y el comienzo de una esperanza.
El 20 de noviembre de 1975 conecté la radio mientras desayunaba, y la primera noticia confirmaba la muerte de Franco; lo que ya se presentía horas antes cuando radio París, la emisora clandestina que nos informaba sobre la verdad de lo que pasaba en España, había anunciado la inminente muerte del dictador.
Mi primera reacción fue abrir una botella de champán que tenía preparada desde hacía más de un mes. Y brindamos, no por la muerte de un ser humano, sino por el fín del sistema dictatorial que representaba Francisco Franco; al mismo tiempo en televisión el Presidente del Gobierno, Arias Navarro, nos confirmaba la noticia entre sollozos, diciendo «Españoles, Franco ha muerto».
Poco después sobre una camisa de cuello blanco me hice el lazo de una corbata negra que precisaba llevar, no para guardar luto sino por tener que asistir a la celebración de dos juicios en un Juzgado de Distrito de Gijón. Cuando llegué al Palacio de Justicia el desconcierto era total, se desconocía si era preciso o no suspender la actividad judicial, había muerto un dictador y no había precedente de cómo actuar. A las 11 de la mañana una llamada del Gobierno Civil, controlado por un comisario del movimiento nacional, ordenaba la suspensión de toda actividad en señal de duelo.
Hoy cuando han transcurrido 32 años me apetece gritar al amparo del derecho constitucional a la libertad de expresión, «Viva la República» .









