En un día de elecciones, en dos países bien distintos, la decisión democrática de sus ciudadanos puede modificar a corto plazo el destino de uno y otro.

Polonia, un país emergente que pretende acercarse a la Europa más avanzada, apuesta por apartar el conservadurismo de los populistas hermanos Kaczynski y apoya el progreso votando a los liberales, representados por el PO (Plataforma Ciudadana). Al estilo Zapatero, su líder Donald Tusk -y previsible primer ministro- anuncia la retirada de las tropas de Irak para el 2008 y pone trabas al escudo anti-misiles que EEUU pretendía instalar en suelo polaco. Es muy posible que sus relaciones con Europa, sin dejar de defender sus intereses, cambien en poco tiempo de forma sustancial. Zapatero tiene un nuevo amigo en Polonia, y Rajoy alguien más con quien discrepar.

Suiza, el que se dice país más avanzado de Europa, con una elevada renta per cápita, y cuyos ciudadanos sólo piensan en sí mismos y nada quieren saber con el resto de los europeos, se aleja del mundo y apoya por mayoría a la derecha xenófoba. Christoph Blocher, líder del partido populista UDC, acusado de racista, agitando los mensajes de la inseguridad y la criminalidad, que pretende atribuir a los emigrantes, consigue un resultado espectacular. Confío en que Rajoy no introduzca en su campaña electoral los mensajes xenófobos de la ultraderecha suiza; aunque todo puede esperarse del PP.
De los resultados electorales de Polonia y Suiza, podemos extraer dos conclusiones interesantes:
-1ª) El populismo es perverso en sí mismo para toda sociedad que presuma de madura.
-2ª) El voto de los ciudadanos tiene más importancia de la que parece.
(publicado aquí en www.elplural.com)






