
Estas fiestas, mientras el resto de los mortales se obsesionaban con el consumo, decidí escribir un cuento navideño, basado en hechos ciertos pero con dos finales, uno real y otro de ficción; para ello me inventé a tres personajes «imaginarios» que decidí llamarles Palestina, Israel y EEUU, alias «Bush». Cuenta la historia de un ser humano que se quedó sin casa y al tratar de recuperarla fue asesinado; cualquier parecido con la realidad no es pura coincidencia. Pero es mejor no aburriros con el preámbulo, este es el relato:
Capítulo I: Hechos reales
Palestina era un ciudadano del mundo que vivía desde hacía muchos años con su familia de clase media en una casa en propiedad en un barrio de un pueblo llamado Oriente Medio. Un día Israel, que carecía de vivienda, decidió instalarse en la suya, pero no como invitado sino ocupando las habitaciones principales, las más soleadas y con vistas al mar; Palestina fue confinado en el cuarto trastero, con escasa luz y dificultades para conseguir alimentos.
Pasan los años y la situación continua ante la indiferencia de los vecinos, que están ocupados en otros menesteres y miran para otro lado; no en vano Israel tiene un amigo muy influyente llamado EEUU, alias «Bush», a quienes todos temen. Pero Palestina comienza a pasar hambre y trata de rebelarse contra el aislamiento que sufre, e incluso ante su estado de necesidad utiliza la violencia; pero cada vez que lo hace Israel, más fuerte y musculado, le responde con más violencia.
Un día Israel, que se siente molesto por la actitud de Palestina, decide matarlo. Para ello cuenta con la ayuda de EEUU, que le proporciona el arma mortal y contribuye a que los vecinos no impidan el asesinato; y para cometer su acción aprovecha las fiestas navideñas, en las que el resto de los ciudadanos del mundo están distraídos con la diversión y el consumismo enfermizo; tienen la cuartada perfecta.
Consumado el crimen «Bush» lo justifica y legitima su conducta alegando que lo cometieron en legitima defensa; el asesinato queda impune e Israel ni tan siquiera es juzgado por el supuesto delito cometido.
Capítulo II: Un final de ficción.
Cometido el crimen los vecinos de la víctima descubren que «Bush» es un delincuente habitual, que ha perdido su influencia, y que va a ser juzgado otros crímenes. Por eso deciden presentar una denuncia y la policía detiene de inmediato a Israel y a EEUU por el supuesto crimen cometido. Ambos son llevados a los tribunales y éstos los juzgan por haber asesinado a Palestina; al primero le condenan como autor del crimen y al segundo como cooperador necesario para que aquel pudiese cometerse. Los acusados alegan legitima defensa para eximirse de sus responsabilidades, pero el Tribunal no la entiende suficientemente acreditada, al considerar que no está justificada la utilización de un arma de fuego para repeler el lanzamiento de piedras. Ambos son condenados a la pena máxima de 30 años de prisión.
Estamos en el 2.028; Israel y EEUU continúan en prisión. Los vecinos de la víctima han pedido que se cumplan íntegramente las penas y el Tribunal lo ha admitido.
Capítulo III: Epílogo
Que injusta es la vida.
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(Tengo que reconocer que la entrada es un poco friki; ¿estaré en plena mutación mental?







