
Ernesto Guevara de la Serna nació el 14 de junio de 1928 en Rosario, Argentina. Se licenció en Medicina, profesión que ejerció durante muy poco tiempo. En 1956, conoció a Fidel Castro y se unió a él para derrocar a Batista. Murió el 8 de octubre de 1967 en La Higuera, Bolivia.
Con su muerte a los 39 años de edad, el Che Guevara se convirtió en un mito del siglo XX; mucho se ha escrito sobre él estos días, mucho y contradictorio. Lo que parece evidente es que no murió luchando, sino asesinado por la CIA. Y sin quererlo, con su ejecución los americanos lejos de enterrarle en el olvido lo transformaron en un héroe y lo instalaron para siempre en el mundo de los vivos.
Cuando iba a ser fusilado gritó a su verdugo «dispara, cobarde, solo vas a matar a un hombre«; reales o inventadas por un periodista, se dice que estas fueron sus últimas palabras. También se dice que presentía su muerte cuando horas antes de ser ejecutado le dijo a un compañero «esta es la última vez que veo la caída del sol«.
¿Un idealista romántico? Lo cierto es que se convirtió en uno de los héroes del siglo XX, y cuatro décadas después de su muerte, el Che es un símbolo de rebelión precisamente cuando ya no es un peligro; plantó cara a los americanos, y venció aun después de ser asesinado; no olvidemos que formó parte de la única revolución socialista que triunfó en América.
El Che es un símbolo para los cubanos. Su efigie está presente en todas partes, y forma parte de los recuerdos que los turistas se llevan del país.
Esta fotografía está tomada el 5 de Agosto de 2001, cuando visitamos Cuba, en la Plaza de la Catedral de La Habana. La rescaté de mis archivos fotográficos para recordar a un ídolo de mi juventud.







