Ibarretxe acaba de anunciar una consulta popular para el 25 de Octubre de 2.008, coincidiendo con la fecha del Aniversario del Estatuto de Guernica, con el objeto de que los vascos se puedan pronunciar sobre el futuro de Euskadi. El anuncio es confuso y difuso, y constituye un órdago de imposible cumplimiento. Un nacionalista, cuyo nombre desconozco, equiparó a Ibarretxe con un promotor inmobiliario que quiere vender sus viviendas, sin haberse puesto de acuerdo aún con todos los propietarios del terreno, y sin disponer de los materiales precisos para su construcción.
Quizás lo más llamativo es que su propuesta no cuenta con el apoyo explicito del PNV, y muchos parlamentarios vascos de su propio partido «se olvidaron» de aplaudirle.
Zapatero ha dicho: «escucharé a Ibarretxe, pero él me va a escuchar a mí«, para aclararle después que «nada se va a hacer si no es con respeto a la Constitución«. Más claro imposible.
Es muy significativo comprobar que la consulta se anuncia para meses después de las elecciones generales, ya que el propio Ibarretxe es consciente que nunca se llevará a cabo, pero servirá como arma arrojadiza para reivindicar sus postulados nacionalistas durante el próximo año, a lo que ya estamos acostumbrados.
Si yo fuese el Presidente del Gobierno no me dejaría distraer por los discursos del actual Lendakari, que siempre se quedan en nada pero pretenden perturbar a todos, y esperaría a que el PNV llevase a cabo las correcciones necesarias. Lo que es evidente es que Ibarretxe con su desorden mental está a punto de entrar en un estado catatónico que parece irreversible y se convertirá en el preludio del fin de su carrera política.







