
Falta información, y la que se conoce es confusa, pero de lo que no existe duda, porque él mismo lo ha reconocido, es que Fernando Alonso ha entregado a la FIA los correos privados, cuyo contenido ha permitido revisar el caso de espionaje de Mclaren a Ferrari. Parece ser que fue presionado, y tomó la decisión ante las amenazas de ser sancionado por tres años, lo que posiblemente sería el fin de su carrera «deportiva».
No tenía obligación de hacerlo; dice que lo hizo bajo presión, pero estoy convencido de que en su decisión primaron sus intereses personales por encima de los económicos y deportivos del equipo que le paga, y muy bien, todos los meses. Alonso me ha defraudado como persona y como deportista. En su vehículo se siente incómodo porque se está empezando a dar cuenta de que puede que no sea el mejor, y su orgullo y egocentrismo le impide disimular que no sabe perder, se le nota mucho, en exceso. En lo personal ha traicionado y ha sido desleal con quienes le están dando de comer.
Fernando Alonso en muy pocos años ha pasado de ser un ídolo de masas a convertirse en un personaje ambicioso y envidioso poco fiable. No tengo ninguna duda de que a cambio de la entrega de los correos privados la FIA le habrá prometido una amnistía a nivel personal, o un castigo simbólico; de no ser así no tendría sentido que los hubiese entregado para evitar una posible sanción. Por lo que podemos pensar que una previsible dura condena a McLaren debilitaría a su actual equipo, facilitaría su marcha, y podría salir indemne en lo deportivo, que es lo que le preocupa; pero en lo personal se ha convertido en un personaje desleal y poco fiable, y eso no se recupera fácilmente.
Soy asturiano como Fernando Alonso, pero mi nacionalismo no me ciega. Lo triste es que los intereses económicos que mueven los hilos de los deportes de élite impiden que quienes viven a su alrededor sean incapaces de opinar libremente.





