La historia confirma que Juan Carlos I jugó un papel de extraordinaria importancia durante la época de la transición, y a él le debemos en parte la consolidación de la democracia. Franco le designó su sucesor creyendo que seguiría su trayectoria, y afortunadamente se equivocó.
Me considero republicano, pero al mismo tiempo he respetado, como necesidad temporal, la permanencia de la monarquía. Durante los gobiernos de Adolfo Suárez y Leopoldo Calvo Sotelo el protagonismo de Juan Carlos I fue de extraordinaria importancia, y mereció el respeto de la práctica totalidad de los españoles. Aunque algunos han cuestionado su papel en el 23F, recuerdo su aparición en TVE a las 12 de la noche, que nos dió tranquilidad a todos los demócratas cuando aún estaba ocupado el Congreso por el teniente Coronel Tejero, contribuyendo al fracaso del intento de golpe de estado; aunque es posible que la fuerte personalidad del desaparecido General Sáenz de Santamaría fuera determinante para influir en el posicionamiento definitivo de Juan Carlos I.
Durante los gobiernos de Felipe González, con el que mantuvo una innegable buena relación personal, el protagonismo de Juan Carlos I en la sociedad española apenas sufrió deterioro. Pero con la llegada de José María Aznar, el comportamiento fascista de éste hizo perder protagonismo a la monarquía, que ya no se recuperó, quizás porque con el tiempo se hizo innecesario.
Actualmente la posición de Juan Carlos I es testimonial, y la monarquía ha perdido su razón de ser; hasta el punto de que las permanentes vacaciones de la familia real, para descansar de un trabajo que nadie conoce, son un mal ejemplo para los españoles, y el coste del mantenimiento de una familia cada vez más numerosa puede llegar a hacerse insoportable.
Debemos de poner fecha de caducidad a la monarquía. Propongo restaurar la república; y cuanto antes mejor. El debate está abierto y los españoles somos lo suficientemente maduros para prescindir de la monarquía, una vez que se ha comprobado que ya no juega ningún papel en nuestra sociedad, y tan sólo adquiere protagonismo en la prensa y programas del corazón.






