Hace unos 25 años visité Cascais; era un pueblo turístico, relativamente pequeño, tranquilo y acogedor, al que se accedía por una carretera costera muy agradable de recorrer. El pasado 24 de Agosto volví de nuevo, y lo encontré muy cambiado; Cascais es actualmente un centro de turismo masificado, plagado de edificios que no respetan distancias, y con un tráfico intenso. Es otro pueblo, consecuencia del «desarrollo» de nuestra sociedad, en este caso de la sociedad portuguesa. Pero afortunadamente, aunque modernizado, aún se salva el entorno de la pequeña playa situada delante del Hotel Baia. Y al atardecer pude disfrutar del encanto de ese rincón, que reflejo en estas tres fotografías












