De vacaciones por Portugal, hoy hemos visitado por vez primera, y última, Lisboa. Puede tener sus encantos, que no niego, aunque está muy abandonada, pero no es nada recomendable para que la visiten personas con movilidad reducida que precisen el uso de silla de ruedas.
Las barreras físicas son evidentes incluso en la zona llana del propio centro de Lisboa, única en la que es posible moverse en silla de ruedas y con dificultades; pero son más reprochables las barreras mentales, dado que a la enorme escasez de lugares reservados para aparcar, se une el desprecio absoluto de la policía para que tales lugares se respeten. Hemos tenido que sufrir un incidente con un policía municipal, llamado GABRIEL SILVA (afortunadamente no es pariente), cuando ante las dificultades para aparcar nuestra furgoneta (adaptada para transportar una silla de ruedas de motor), le pusimos en evidencia de que a escasos metros estaba estacionado un vehículo en lugar inadecuado. Se encogió de hombros, se negó a ejercer su autoridad y formular la correspondiente denuncia, y nos mandó marchar con absoluto desprecio. Y no pensemos que es un caso aislado, sino el reflejo de la falta absoluta de sensibilidad de las autoridades de Lisboa; sí actúan así será porque sus superiores se lo permiten….
Por lo demás todo bien; y sin perder nunca el sentido del humor ni las ganas de luchar contra las adversidades. Como es mi costumbre os dedico una foto; en esta ocasión se trata de un ciudadano del mundo durmiendo la siesta con sofisticada postura






