¿Es un saludo de despedida?
Resulta esperpéntico que en el año 2008, en un país democrático como el nuestro, ostente la Jefatura del Estado un monarca por razones puramente consanguíneas; y poco comprensible que todos los españoles, con nuestros impuestos, tengamos que atender las necesidades de toda la familia «real», cada vez más numerosa, y en especial los gastos por sus prolongadas vacaciones durante las cuatro estaciones del año. Pero parece ser que la mayoría de los ciudadanos están encantados con los Reyes, y asumen como una carga llevadera soportar la monarquía.
La familia real no sufre la crisis económica y desconoce lo que es apretarse el cinturon, gozando de un buen nivel de vida, con importantes privilegios que les convierten en seres especiales que están por encima del bien y del mal; pero a cambio se les pide que sean los reyes de todos los españoles, y que permanezcan neutrales ante cualquier pronunciamiento político.
Pero cuando cualquier de sus miembros, y en este caso la Reina Doña Sofía, que forma parte de los cientos de miles de inmigrantes que residen en nuestro país, olvida su rango y opina sobre política, y se atreve a discrepar con el contenido de leyes en vigor, adquiere de inmediato el derecho a ser una ciudadana más y debería de ser despojada de inmediato de sus privilegios.
Pilar Urbano filtra a través del diario EL PAÍS unas declaraciones de Doña Sofia, en las que pretende reflejar su lado humano y opina sobre política, sobre religión, sobre el aborto, y sobre los matrimonios entre homosexuales; ofendiendo a quienes han optado por contraer matrimonio con una persona de su mismo sexo al amparo de una norma legal; sus declaraciones sobre la homosexualidad la descalifican para continuar siendo la reina de todos los españoles:
«Puedo comprender, aceptar y respetar que haya personas con otra tendencia sexual, pero ¿que se sientan orgullosos por ser gays? ¿Que se suban a una carroza y salgan en manifestaciones? Si todos los que no somos gays saliéramos en manifestación… colapsaríamos el tráfico. Si esas personas quieren vivir juntas, vestirse de novios y casarse, pueden estar en su derecho, o no, según las leyes de su país: pero que a eso no lo llamen matrimonio, porque no lo es. Hay muchos nombres posibles: contrato social, contrato de unión»
Doña Sofía se ha convertido en una ciudadana más de carne y hueso, y descubre su ideología conservadora; pero a cambio debe de abdicar de su condición de Reina de España; su renuncia sería el primer paso para la instauración de la III República. Cada vez tengo más esperanzas de vivir para disfrutar del momento.










