
Los toraja creen que sólo cuando se han celebrado los ritos adecuados al fallecido, éste protegerá a los vivos y podrá descansar. Pero sus cuerpos nunca son enterrados bajo tierra, y es habitual que para los adultos se excaven nichos en las laderas de la montaña, y se hagan tumbas en árboles para los menores de un año.
En la Cueva de Londa, que visitamos el día 12 de agosto de 1999, se pueden observar huesos humanos esparcidos por todas partes, además de sarcófagos pintados con llamativos colores. Las fotografías que tomamos son lo suficientemente expresivas como para hacer innecesario cualquier comentario
Son decenas de fotos las que conservo en mis archivos; hice una selección, pero no descarto publicar una galería completa para compartirlas con todos vosotros. Mis informadores secretos que dicen que la nueva versión de worpress permitirá la publicación de galerías independientes de la entrada, y será el momento de hacerlo.
Otros capítulos:
–Capitulo 1º: cementerio para niños
-Capitulo 2º: de cuerpo presente
–Capítulo 3º: el sacrificio de búfalos










