Todas las alarmas han saltado, el pánico colectivo ha contagiado a los expertos, y el hundimiento económico parece no tener fin, al menos es lo que se deduce de los titulares de prensa ante la negativa reacción de los mercados a todas las medidas económicas adoptadas para evitar una recesión, que ahora parece irremediable. Hoy el Ibex entró en coma y sufrió la mayor caída de la historia, y las bolsas europeas no han tenido mejor suerte, aunque a última hora parece que Wall Street reacciona y limita sus pérdidas.
La locura colectiva se ha apoderado del mundo, y en especial de los políticos y de los gurús de la economía, que son incapaces de reaccionar; y cuando lo hacen sus medidas no son eficaces o no reciben el respeto debido de quienes se benefician de ellas, como ha ocurrido con los ejecutivos de AIG, que tras haber sido salvada la aseguradora de la quiebra por el gobierno estadounidense, han celebrado el rescate gastándose 440.000 dólares en unas vacaciones.
Lo más llamativo es que el mundo está al revés; mientras que el régimen comunista chino para reactivar la economía apuesta por una gran reforma agraria privatizando el campo, los países capitalistas están dispuestos a nacionalizar bancos. Bush ha decidido hacer caso de las medidas adoptadas recientemente por su «amigo» Hugo Chávez.
Estamos ante el comienzo de un nuevo orden mundial; la pregunta es ¿quién estará situado en mejor posición para dirigirlo?. El centro de gravedad del mundo económico se desplaza desde Occidente hacía Oriente. Quizás el resultado sea beneficioso para todos al dar por finalizado el ciclo hegemónico de EEUU para ser sustituido por un equilibrio mundial más estable.
¿Llegará Obama a tiempo para evitarlo?
(Recomiendo la lectura del artículo de Alfredo Pastor, titulado «China emerge como acreedor silencioso» publicado hoy 10 de octubre en El Pais).









