
Vuelve de las américas con una buena pensión; no nos trae el maná pero puede estar en condiciones de colaborar para que el Partido Popular recupere un mínimo grado de sensatez en su actuar. Y no me estoy refiriendo a sus actuales dirigentes ya que estos son y serán incapaces de rectificar su paranoia, que en la moderna psiquiatría se define como trastorno delirante. Rajoy, Acebes y Zaplana, todavía no se han enterado de que han perdido las elecciones del 2004, y a ello han contribuido de modo muy especial sus mentiras y manipulaciones; y tan solo podrán recuperar el terreno perdido con un acto de humildad y un propósito de enmienda, de lo que son incapaces porque su soberbia les impide aplicar el sentido común.
Rodrigo Rato no ha hablado aún, y su mera presencia física ha puesto nerviosos a todos los actuales dirigentes del PP: Rajoy pierde el norte y se autoinmola en el debate de la nación: Zaplana eleva el nivel de sus exabruptos y llega a afirmar que es peor Zapatero que ETA; Acebes sigue en su tono de mentiroso compulsivo y en la línea que le impone la FAES (fascistas españoles); Aznar nada ha dicho sobre Rato y nada dirá, ya que nunca da la cara cuando se siente perdido ante su innata cobardía; Esperanza Aguirre, la “liberal” neofascista del PP, se expresa con displicencia al referirse a Rato; y Ruiz Gallardon ha pasado de ser un potencial candidato a medio plazo a sentirse relegado de nuevo a un segundo plano.
Es muy posible que Rodrigo Rato no quiera volver a la política activa; pero su sola presencia física a escasa distancia de la calle Génova ha desestabilizado a los dirigentes del PP, y ha hecho crecer las esperanza de una profunda renovación a muchos de sus militantes que discrepan en silencio con la línea agresiva y equivocada del PP.
Tras el debate sobre el estado de la nación, parecen ser nulas las esperanzas de que Rajoy pueda ganar las elecciones del próximo año; no solo por el resultado de las encuestas que pronostican un claro triunfo de Zapatero, sino por la descomposición que sufrirá el PP en los próximos meses ante el temor de que existe una real alternativa que sustituya a los dirigentes actuales.
Si yo fuese Rajoy, lo que ni me puedo imaginar, presentaría hoy mismo la dimisión, y convocaría de forma inmediata un Congreso Extraordinario para que pudiese ser elegido democráticamente un nuevo candidato para las próximas elecciones generales. Y si lo saben hacer bien, el PP puede salir reforzado y recibir una recompensa en votos por la sensatez recuperada. Pero no soy Rajoy, ni tengo poder para hacer lo que propongo, ni soy de derechas… Lo único que me queda es el sentido común para dar un buen consejo a quien no se lo merece.
La sombra de Rato es alargada, pronostico una fuerte tormenta para los próximos meses dentro del PP, y ni siquiera un atentado de ETA les podrá salvar. Zapatero tiene la solución para acortar el tránsito del desierto que ha de sufrir Rajoy hasta las próximas elecciones: convocarlas de inmediato. Pero no lo hará ya que así lo ha manifestado, necesita más tiempo para cumplir con su programa electoral, y no debe permitir que ETA marque la agenda política. ¿Sería para no prolongar más su agonía personal la causa por la que Rajoy pedía con insistencia la convocatoria inmediata de elecciones generales?
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