Resultaría tranquilizante pensar que el canibalismo (arte o práctica de alimentarse de seres vivos de su propia especie) solo puede darse en lugares remotos y en tribus salvajes. Nada más lejos de la realidad; entre nosotros, y en especial entre militantes del PP ya ha empezado a practicarse, y en los próximos meses será habitual observar como se devoran unos a otros. Se juegan su futuro, y nadie va a renunciar a perder posiciones.
Ha pasado una semana desde la clausura del Congreso del Partido Popular, y ya no tenemos ninguna duda de que se ha cerrado en falso; aunque son minoría, son muchos -demasiados- los que se han quedado fuera del equipo titular, y ni tan siquiera tienen opciones de acceder al banquillo de los suplentes.
Las primeras escaramuzas, en forma de venganza, han partido -como no podía ser de manera- de la «liberal neofascista» Esperanza Aguirre. Su poco estilo, en forma de impaciencia y de no saber estar, ha derivado en una maniobra de depuración: los dos consejeros del gobierno de la Comunidad de Madrid más próximos a Rajoy -Alfredo Prada y Manuel Lamela- han sido cesados en una clara maniobra de limpieza.
La afición que últimamente tenemos en consultar el Diccionario de la RAE, nos hace recordar que una de las acepciones de la palabra DEPURAR es muy significativa: «Eliminar de un cuerpo, organización, partido político, etc., a los miembros considerados disidentes».
Ante el escaso respeto de Esperanza Aguirre al sistema democrático -incluso dentro de su propio partido-, y la creencia de que para ella el fin justifica los medios, nos viene al recuerdo el «tamayazo», que le permitió en su día mantenerse en el poder a pesar de haber perdido unas elecciones autonómicas. ¿algún día sabremos el papel que ejercicio Esperanza Aguirre en un caso tan escandaloso?
El PSOE no debe de preocuparse en los próximos meses en criticar a los dirigentes del PP. Sus miembros se bastarán para engullirse unos a otros en una lucha canibalesca por el poder.









