Hace siglos, según cuenta la leyenda, llegaron a la orilla del Báltico dos hermanas sirenas, que vivían en las profundidades del mar; eran de una gran belleza, pero en vez de piernas tenían colas de pez. Una de ellas decidió quedarse en Gdansk, y se le quedó la piel oscura; la otra se traslado hacía los estrechos de Dinamarca, y al llegar a la entrada del puerto de Copenhague se sentó sobre una roca y desde entonces custodia el horizonte marino; su piel se volvió poco a poco color rosa, unos dicen que por amor y otros que a causa de unos trolls.
La sirena de Copenhague es una visita obligada cuando se viaja a la capital danesa; y en cualquier momento podemos ver escenas como esta

Aunque no pudimos oír los cantos de sirena que se dice escuchaban las marineros de la zona, tuve ocasión de hacer algunas fotos y contemplar su mirada, observando su ternura y firmeza.
No es bueno escuchar cantos de sirena, en especial en época de crisis económica mundial; suelen traer consecuencias perjudiciales al no reflejar la realidad.
Las fotografías están tomadas el 12 de agosto de 2002, a las 16,21 horas, Por entonces viajaba con una cámara automátiva Fuji FinePix4900ZOOM.









