Masticando chicle, con una postura despectiva y una sonrisa socarrona, Jiménez Losantos tuvo que sentarse en el banquillo de los acusados para responder en vía penal de las injurias y calumnias vertidas frente a Gallardón. Aunque pretendía aparentar tranquilidad, se le veía nervioso, e incluso denotaba impaciencia cuando miraba el reloj, quizás por no saber comportarse en una situación nueva que no resulta agradable.
Aunque el locutor de la Cope acusó al finalizar el juicio a «sus testigos» Zaplana, Acebes y Aguirre de hacer «un ejercicio de manipulación y caradura total» al declarar que Gallardón no contradijo la línea del PP al pedir «mirar al futuro«, no se le vio suelto durante la vista oral; es más, transmitió la impresión que con su habitual desparpajo lo que pretende es ocultar un complejo de inferioridad.
Don Federico, confío en que la Justicia actúe con el necesario rigor, y se dicte una sentencia de condena. La libertad de expresión no lo ampara todo; y debe de saber que no tiene derecho alguno a ofender a diario con calumnias e injurias a quien le viene en gana, por la simple circunstancia de que no comulguen con su «ideario». ¿Es feliz con el insulto y la descalificación?. En el fondo es un pobre desgraciado, que acabará no siendo respetado por nada ni por nadie.










