Cuando tan solo tienes 4 días para conocer un país aprovechas al máximo cada minuto del viaje. Por eso, al llegar al hotel Frón de Reykjavik (muy recomendable por su ubicación, al estar en el centro y a cinco minutos de todo lo recomendable), me limité a preparar mi equipo fotográfico, y en apenas 2 minutos me encontraba en la calle para visitar aquellos lugares que consideraba más especiales, a la vista de toda la información que había acumulado durante la preparación del viaje. Y cuando me acercaba al antiguo puerto comprobé sorprendido la presencia de un atractivo y luminoso edificio, cuya fachada estaba formada por una entramado de hexágonos de cristal, y mi primera intención fue acercarme a él y visitar su interior, si ello era posible.

Nada traspasar la puerta, pasando de una temperatura de 5 grados a una ambiental en su interior muy agradable, y tras comprobar por los ruidos procedentes de mi iPhone que disponía de wifi abierto (en unos segundos se descargaron todos los avisos, mensajes y fotos de la red de instagram que estaban esperando para descargarse), decidí cenar en esta agradable cafetería.

Y mientras me tomaba una degustación de productos de la tierra y probaba su agua natural, investigué a través del iPad donde me encontraba.

De inmediato descubrí que se trataba del edificio Harpa, el nuevo centro de conciertos y conferencias de Reykjavik, cuya inauguración formal había tenido lugar el pasado 20 de agosto de 2011, por lo que no había habido tiempo para incluirlo en las guías de viajes. Diseñado por el estudio de arquitectura Henning Larsen, colaboró en su fachada el artista Olafur Eliasson, correspondiendo el diseño acústico corrió a cargo de Artec Consultants Inc.

Cuando me preguntaba el motivo por el que estaba tan poco concurrido, comencé a escuchar pasos, y al  mirar a la escalera de acceso a las plantas altas me encontré con esta escena, compuesta por cientos de personas que salían de escuchar un concierto. Gentes de todas las edades, que bajaban muy educadamente, comprobando por su vestimenta que su perfil es de ciudadanos austeros, que son conscientes de que salen de una crisis económica muy importante (ellos ya la están superando), y valoran los pequeños detalles de la vida. Viven en un país virgen y de diseño, y lo saben disfrutar.

Sentí no disponer de tiempo para fotografiar con la calma que se merecía la belleza de su interior; lo dejaré para el próximo viaje (pienso repetir en la época en la que el día dura 21 horas), pero os dejo algunas fotos.

Y cuando marchaba realicé esta última fotografía a la fachada

Mañana tocan anécdotas, con fotografía incluida.

 

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