Subiéndose al carro del independentismo y vendiendo la idea de que es el único camino para que Cataluña salga de la crisis, Mas ha conseguido que la mayoría de los catalanes se olviden de los salvajes recortes que sufren en sanidad, educación y servicios sociales,  y que ya no se hable de los casos de corrupción de su partido. Ha sido todo un truco de buen prestidigitador, al lograr hipnotizar incluso a quienes son contrarios a la independencia. Pero al día siguiente de las elecciones todo seguirá igual, y  muchos descubrirán que votaron a su verdugo. Y ya será tarde.

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