Se dice que la mayoría social de nuestro país es de izquierdas, pero últimamente eso no se refleja nunca en las encuestas ni en los resultados electorales, y a medida que sube la abstención por la desafección de los ciudadanos a la política, la derecha que es legión, se va apoderando de todo.
Galicia es socialmente de derechas, y muchos afirman que es un caso aparte, pero de ahí a admitir como natural que con la que está cayendo consiga una mayoría absoluta holgada solo se explica por la alta abstención.
Entre todos, votantes y abstencionistas activos, pues los pasivos nunca cuentan, estamos consiguiendo que la derecha, la de los recortes, la benefactora de la banca, la que está acabando poco a poco con nuestro estado de bienestar y con nuestras libertades, se convierta de hecho en un poder absoluto y omnímodo, y eso no es bueno ni para nuestro sistema democrático ni para nuestro futuro.
Zapatero pudo equivocarse en algunas de sus decisiones, pero de ahí a castigar sistemáticamente a su partido existe un abismo que cada vez tiene menos explicación, salvo que pensemos que sus votantes han decidido quedarse en casa para siempre, favoreciendo con ello el retroceso democrático de nuestro país. A nuestra clase política no se le castiga con la abstención, sino participando para evitar que todo vaya a peor.
Debo reconocer que la “inteligencia” natural de nuestros políticos de derechas, culpando de todos los males a la izquierda socialista, les está dando pingües beneficios electorales. Pero me pregunto en qué piensan hoy los abstencionistas activos al observar que el poder de la derecha sale fortalecido tras diez meses de mentiras, de engaños y de embustes.
Rajoy es hoy más Rajoy que ayer; con los resultados en Galicia sale envalentonado y reforzado. Sabe que sus políticas de salvajes recortes no le castigan en las urnas, y no le temblará el pulso para firmar nuevos Decretos que acaben con todas las conquistas sociales conseguidas en los últimos treinta años. ¿Queríamos una democracia para esto? Pues sigámonos quedando en casa.
Los votantes socialistas se merecen una colleja, de tanto pensar en como castigar a los suyos acaban apoyando a sus adversarios. y una actitud así cada día resulta menos entendible, salvo que pensemos que el pensamiento mayoritario de los españoles ha cambiado y actualmente su base social es mayoritariamente conservadora.
El Pais Vasco es otra cosa, otra historia muy distinta a Galicia. Gobernando los socialistas se acaba con ETA, y les castigan en las urnas convirtiéndoles en un partido  marginal. Pero eso tiene una lectura diferente, que mejor la dejamos para otro día.

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