Las multitudinarias manifestaciones que tuvieron lugar el pasado domingo obligan a resolver un dilema que debe tener respuesta en los próximos días. Esa mayoría silenciosa detrás de la que se parapeta Rajoy está harta de que le mientan y engañen, y se siente víctima de un fraude electoral ante el fragante incumplimiento  del programa del PP con el que ganó por mayoría absoluta las pasadas elecciones, y ya no se cree que el gobierno se vio obligado a llevar a cabo salvajes recortes al encontrarse con una situación inesparada.

A Don Mariano los ciudadanos le importamos un pepino, y solo piensa en sus intereses electorales para seguir manteniéndose en el poder. Primero fue el retraso en la presentación de los presupuestos del año 2012 hasta pasadas las elecciones en Andalucía, pero no le sirvió de nada ya que los andaluces no se dejaron engañar; y ahora pospone su decisión sobre la revalorización de las pensiones conforme al IPC hasta que se celebren las elecciones en Galicia, cuando ya todos sabemos que nos está mintiendo de nuevo.

Cuando el programa electoral no se cumple y se toman decisiones contrarias a las prometidas resulta evidente que el partido que gobierna debe de convocar a los electores para preguntarles si está justificada ese cambio de actitud, y eso se puede hacer mediante la celebración de un referéndum. Mantenerse en el engaño  supone un desprecio a los ciudadanos,  lo que justificará la ya anunciada huelga general para el 14N como protesta por los salvajes recortes que no parecen tener fin.

El tiempo se acaba, el país se hunde y Rajoy solo representa el fracaso. Muchos le votaron en la creencia de que era la solución, y se ha convertido en el problema; y ha llegado la hora de que abandone el barco antes de que naufrague definitivamente. ¿A qué espera?

 

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