Ha tenido una muerte plácida, sin sufrimiento añadido, como se merece un gran hombre,  pieza fundamental en la transición  española hacia la democracia. Por unas horas nuestros políticos han aparcado sus diferencias, y han sido unánimes a la hora de valorar su figura política, y en especial su gran calidad humana. 97 años de vida dan para mucho, y Santiago Carrillo ha tenido la fortuna de aprovecharlos hasta el final,  convirtiéndose en un ejemplo de honestidad,  sentido común, y coherencia ideológica. Gijonés de nacimiento, decidió en vida que a su muerte sus cenizas se esparzan por el Cantábrico. Descanse en paz.

 

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