Las playas, los paseos y las calles, se han quedado solas, pensativas y en silencio. Somos así de ingratos, y no nos duele abandonarlas cuando se mojan, como si la lluvia fuese un castigo.


Un músico sin música pasea perdido con su guitarra y su perro, sin saber a donde ir.


Pero más de uno se resistió a abandonar sus hábitos por cuatro gotas, o más.


Añoraba la lluvia, el silencio y la tranquilidad. Hoy, al atardecer, era el momento para apoderarse de lo que otros, la mayoría, abandonan sin motivo aparente.


Somos agua y poco más, y cuando nos encontramos con nosotros mismos huimos, por cobardía o por ignorancia.


No se que tiene la fotografía, pero detener el presente para disfrutar el pasado en el futuro resulta algo mágico


Me gusta pasear por mi ciudad….

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