Un momento real capturado transmite la imagen que hemos querido parar en el tiempo para recordar en el futuro. Si buscamos intencionadamente difundir mucho con muy poco nos las podemos ingeniar acudiendo al minimalismo, que no es otra cosa que una corriente artística que intenta simplificar la inclusión de elementos en las imágenes haciéndolas muy sencillas, utilizando lo mínimo para ilustrar y transmitir; incluso para algunos puede llegar a convertirse en un estilo de vida.
La regla de oro del minimalismo es la simplicidad, que no tiene que asimilarse a poco interesante. Muy poco puede representar mucho, aunque en la riqueza del mensaje tiene mucho que ver la percepción subjetiva de quién contempla la imagen. Eso si, la composición resulta fundamental para que la imagen resulte equilibrada y atractiva.
(las fotografías representan las farolas, intencionadamente torcidas, ubicadas junto al Fuerte Viejo, un antiguo complejo militar localizado en la parte baja del el Cerro de Santa Catalina, en Gijón.)









septiembre 7th, 2012 on 20:51
El minimalismo es el heredero de la sutileza en las formas y en las funciones. Y en el diseño esto esto ha sido la regla universal más allá de la moda.
Leo, una vez más, el libro “Cuando las Catedrales eran Blancas”. Tiene un subtitulo sugerente “Viaje al país de los tímidos”. Este texto del arquitecto Le Corbusier, escrito en 1935, es el resultado de dos viajes del autor. Uno a la Norteamérica extrusionada de los rascacielos; y el otro hacia su interior creador de una nueva racionalidad “mínima” de las formas y de las funciones.
El debate entre las formas de las cosas y sus funciones, es la parte más interesante para “comprender” los objetos o los edificios por sencillos o “mínimos” que nos parezcan.
La pregunta es desde dónde observar y habitar los objetos. Me quedo con una frase que me ayuda a hacerlo.
Dice, “nada es más poético y terrible que la lucha de los rascacielos con el cielo que los cubre. Nieves, lluvias nieblas subrayan, mojan, tapan las inmensas torres, pero éstas, ciegas a todo juego, expresan su intención fría, enemiga del misterio y cortan los cabellos a la lluvia, o hacen visibles sus tres mil espadas a través del cisne suave de la lluvia “. Es de Federico García Lorca en su recital sobre Poeta en Nueva York en 1936.
Así que nada más poético que llegar a “habitar” estas formas y funciones, que como fustes de luz están a la espera de luces, nieblas y lluvias. Y es que a nada de miremos más allá de las formas aparentes de estas farolas descubriremos, al menos una parte, de la naturaleza verdadera de los objetos .
!Gracias por estas fotos!
septiembre 7th, 2012 on 20:58
Kaikoia gracias a ti por tu brillante y poética intervención. Pocos blogs se distinguirán por colaboradores de tanto nivel como SInLaVeniA.
septiembre 7th, 2012 on 21:12
Se me olvida una cosa. Leo post de Anatxu Zabalbescoa ( Del Tirador a la Ciudad). El título de su artículo es ” Muerte no, Dimisión sí”. Trata de las graves declaraciones de la Presidenta de la Comunidad de Madrid y “la condena a muerte a los arquitectos”. Toda una barbaridad y un antojo inclasificable.
La lectura del libro de Le Corbusier es puro gozo intelectual. Es estímulo, conversación y comprensión. Las declaraciones de ésta señora pura estupidez e infamia.
Supongo que a su amigo, arquitecto y aristócrata como ella, el Presidente del Senado Pío García-Escudero, se le habrá atragantado esta verborrea. O quizás me equivoque, ya que este granado ganado gürteliano es capaz de digerir la piedra por hierba, y quedarse tan frescos.
septiembre 7th, 2012 on 21:35
La famosa frase del arquitecto Mies van der Rohe
Less is more
(menos es más)
septiembre 8th, 2012 on 1:44
Jajajaja!!! Seguro que recordáis aquella película de Alain Resnais, “Las estatuas también mueren”, seguro que recordáis aquello de que cuando los hombres mueren, entran en la Historia; cuando las estatuas mueren, entran en el Arte. Jajajaja!!!, la muerte de ciertos libros, la contraportada, ha entrado en SInLaVeniA: minimalismo, Le Corbusier y Lorca. Pura fanfarria.
http://www.youtube.com/watch?v=kAOpFAGU3aA
(Menos es más? No. La mitad es menos. Y encima he pillado a mi sobrina leyendo la contraportada de Living in the end times. Brossat, ¿aónde andás?).
(Y, claro, muerte no, pero dimisión sí: de la mayoría de los arquitectos; no de los pocos que nos han ayudado a vivir mejor, sino de los que nos han rodeado de edificios inmundos –la gran mayoría-, que se han entregado a este capitalismo especulativo que nos acorraló de adefesios; solo hay que mirar alrededor y ver los edificios que nos envuelven: una porquería al servicio de los constructores horteras, even now, years later, más allá de la moda).
Fani, even so.
septiembre 8th, 2012 on 7:19
T
septiembre 8th, 2012 on 20:19
A la impertinente Esperanza no digo yo que haya que matarla, pero, alguna cosina si habría que hacerle para quitarle esa sonrisa curvada de payasa sin gracia y, de momento, hasta encontrar algo más sutil, le taparía la boca con un par de boñigas.
Una de las cosas que más me gusta contemplar cuando visito un pueblo o ciudad, es su arquitectura ¡me encanta!. Y es cierto que, a veces, se encuentra cada marmotreto, que apetece ponerle un petardo y demolerlo.
Algunos arquitectos tras alcanzar cierto reconocimiento y en su afán de crear estilo y dejar su sello para la posteridad, “plantan” su obra (y sin discusión por ser quienes son) en el lugar más emblemático de una ciudad, no siempre beneficiándolo.
Es el caso de los cubos de Moneo (El Cursal) en Donosti. Por mucho que me expliquen que si barco visto desde aquí, que si visto desde allá, sólo veo un “montón” de cristal que desestabiliza el entorno. Lo mismo opino del Hotel Abba de Gijón en el Piles. Tres cuartas de lo mismo.
Me encanta el Guggenhein. Pienso que, aunque es un diseño vaguardísta y espectacular, embellece y mejora el entorno.
Lo mismo opino del Centro NIemeyer. Y teniendo en cuenta que con el tiempo todo lo que rodea esa construcción, será un parque, lo imagino perfecto.
No hablemos de edificios menos emblemáticos y más cotidianos con los que tenemos que convivir durante toda nuestra vida. Un desastre. Un desastre producto de la especulación de unos, y de la mediocridad y poca profesionalidad de otros.
Sólo tenemos que fijarnos en Gijón, que aunque yo estoy encantada por vivir en él, es un triste exponente de lo que no se debe hacer en cuestión de urbanísmo.
septiembre 8th, 2012 on 22:52
Me gusta lo bello en todas sus manifestaciones. Éstas incluyen lógicamente la arquitectura. Y las valoraciones no están exentas de subjetividad. Por eso a mí tampoco me gusta El Cursal de Moneo y sin embargo me encanta el Museo Arqueológico de Mérida, también de Moneo.
Hasta aquí, la dimensión artística de la arquitectura.
No obstante, empezaré yo a valorar a los arquitectos sin nombre y a los superarquitectos con nombre cuando éstos cumplan en sus obras con la función social que se le supone a la arquitectura en todas sus expresiones.
Es por eso que entiendo la intervención “pelín histriónica ” de Josean y también la de Regina.
Las valoradas como “joyas arquitéctónicas”, reconocidas como tales más bien por el nombre de su creador que por el resultado de la obra, responden a intereses del propio autor que pretende dejar su impronta para sellar su vanidad (legítimo por supuesto), y a intereses del poder de turno que las promociona. También dejará el sello en alguna placa de inauguración en la que figure el nombre del alcalde, presidente, ministro o concejal que impulsó la idea.
No quiero con esto infravalorar el valor artístico. Pretendía reforzar la idea, ya expuesta implícita o explícitamente en comentarios ya hechos por otros contertulios, que la especulación no debería ser compañera de viaje de la arquitectura y, a cambio, podría dedicarse más esfuerzo a cumplir con una digna función social.
No estaría mal que apareciese algún “normanfoster” que diseñase viviendas ecológicas, saludables y con cierto sello de confort que pudieran ser adquiridas por un módico precio. Hacer edificios supercalifragilísticos en Arabia Saudí, aunque sea con piedra burgalesa, no tiene mérito.
Y como esto iba de las fotos de Fernando, antes de terminar quiero darle las gracias por esas farolas, ese cielo y esa luz. Cumplen una loable función social: Me relaja un montón contemplarlas y salir del marco de las mismas en su contemplación permitiéndome disfrutar del atardecer, contribuyendo a facilitarme una serenidad de la que habitualmente carezco. Gracias.
septiembre 9th, 2012 on 12:06
Los últimos 35 años la arquitectura española se convirtió en un eslogan fácil para materializar todos los delirios de la política. Jugar a ese juego ha sido tan perverso para la profesión del arquitecto y del ingeniero, pero también generoso para sus bolsillos.
En medio de este desatino, la imagen del edificio, del puente o de la plaza era suficiente argumento para enmascarar todo tipo de atajos, despropósitos y desastres que uno se pueda imaginar.
Les cuento un despropósito que quizás desconozcan. Hace unos años (2006) en una visita al MOMA me encuentro con una exposición sobre la arquitectura española. En la cuarta planta había cola para ver los proyectos de los “grandes arquitectos” españoles. En la tercera otra para ver una retrospectiva de Edvard Munch titulada “La vida Moderna del Alma”. Aunque la cola de Munch era más larga, por momentos la muestra de la nueva arquitectura española se ponía a su altura. Sorprendente pero cierto.
Mi estupor fue cuando veo la maqueta y los planos del concurso ganado sobre el arquitecto Francisco Leyva y el Grupo Arenea sobre el Centro de Talasoterapia de Gijón. Y en los créditos se daba por hecho que estaba en la Playa de San Lorenzo . Todos sabemos que “ La Salamandra” – así se llamaba el edificio en el concurso- no fue construida, que fue una pantalla y que el centro ya estaba en construcción en su emplazamiento actual por obra adjudicada en el año 2005. Una día sabremos toda la intrahistoria.
Pero no es justo demonizarlo todo. Hay otras arquitecturas y urbanismos más humanos, de menores escalas y de proximidad social. Proyectos que nos ayudan a comprender como podemos vivir mejor en nuestra ciudad y en nuestras casas. En estos días preparo unas notas para estudiar como en Berlín han ido cosiendo el paisaje entre las dos zonas de la ciudad una vez lograda la unificación. Los casos de Norbanhof Park y Gleisdreieck Park , (proyectos ya realizados) demuestran cómo hay intervenciones que se pueden hacer con honestidad. Una delicia.
Una nota final más. Dejan Sudjic es historiador y ahora el director del Museo del Diseño de Londres., y acertó el diagnóstico en su libro Arquitectura y Poder. Los poderes (todos) quieren dejar su vanidad a través de los edificios, las plazas y las obras públicas. Pero también arrastran con ello su lado oscuro a través de la corrupción moral y física. Una regla asentada y hasta admitida por todos los que participan.
Y ahora más jarabe de palo: los casos de Eurovegas en Madrid y Barcelona Word.
¡Casi nada lo del ojo!, como dice mi madre.
septiembre 9th, 2012 on 18:31
Por supuesto que no todas las construcciones se merecen ir al saco de los despropósitos. Hay arquitecturas que conjugan perfectamente con el entorno, al mismo tiempo que cumplen la función que de ellas se espera. El problema es cuando, a lo cabal, se anteponen los laureles y los beneficios personales.
Sin necesidad de irme a ciudades lejanas para admirar el buen sentido urbanístico, me quedo en San Sebastian que, muy probable, todos conozcamos. Donosti es una ciudad estética, bonita, cómoda; pensada para el disfrute de las personas. Y es por eso que cuanto le ponen un florero mal combinado, descoyunta el conjunto.
Eurovegas? Buff… teniendo en cuenta en manos de quien está Madrid y Barcelona, y lo fácil que es jugar con la necesidad de las personas…tendremos más jarabe de palo, pero con bate de beisbol