En apenas unos minutos el IVA sobre los servicios y bienes culturales sufrirá un incremento del 163% al pasar del 8% al 21% de la base imponible, teniendo un efecto muy negativo en el acceso de los ciudadanos a la cultura. Lo triste es que la adopción de tal medida no tiene un  propósito recaudatorio sino una verdadera intencionalidad política. La derecha pretende poner un precio prohibitivo al progreso de nuestras conciencias, y lo hace introduciendo trabas insalvables para que nuestra formación pueda adquirir un nivel de conocimientos que evite un masivo aborregamiento. A más ignorancia más votos y menos lucha de clases.

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