Aunque el uso más habitual del concepto está asociado a la sensación de bienestar, el término euforia proviene de un vocablo griego que significa “fuerza para soportar”, y por ello más bien se refiere a la capacidad para tolerar las adversidades en general, por lo que su uso adquiere especial relevancia  en el momento actual, al convertirse en el  termómetro que nos permite conocer nuestro índice de tolerancia  ante el ataque masivo que está sufriendo nuestro estado de bienestar por parte de una pandilla de enajenados políticos que, amparándose en una mayoría absoluta obtenida fraudulentamente, pretenden acabar en un tiempo récord con todos los avances sociales obtenidos en los últimos 30 años. Sus mal llamadas “reformas” son auténticos zarpazos a los derechos de las clases menos favorecidas, víctimas inocentes por partida doble de la crisis y de las nefastas soluciones para superarla.

Afirmaba hoy el “Financial Times” que Rajoy sólo piensa en el PP y no en los españoles, al condicionar sus decisiones políticas en el tiempo y en el fondo a sus intereses electorales; esa es la actitud de un político mezquino, mediocre, mentiroso y sin escrúpulos, que ha engañado incluso a los suyos y defraudado a todos,  que en tan sólo ocho meses se ha convertido en la peor pesadilla para nuestro negro futuro, y que está a punto de poner precio a nuestra dignidad. El poder absoluto puede derivar en una dictadura si quienes  lo ostentan carecen de firmes convicciones democráticas, y el PP está demostrando que gobierna a espaldas de los ciudadanos y del Parlamento, y sólo pensando en mantener su hegemonía a cualquier coste.

 La euforia es un estado anímico que puede variar en un instante para convertirse en depresión, la que nos llevaría  a la pérdida de la autoestima y a  nuestra propia destrucción como personas y como ciudadanos. Para evitarla debemos de estar unidos y luchar pacíficamente, pero sin compasión, contra las injusticias.

Faltan dos días para el comienzo del mes de septiembre en el que sólo se esperan malas noticias. Mentalmente debemos de estar fuertes para soportarlas y combatir sus consecuencias; mantenernos por más tiempo temerosos y con los brazos cruzados sólo nos conduce al conformismo. Aun estamos a tiempo de detener tanta irracionalidad.

(La fotografía pertenece a un mural pintado la pasada semana en la Punta Liquerique, de Gijón, por miembros de Asociarte, en el que colaboraron “La Tonta el Bote”, “El Niño de las Pinturas”, “Chikita”, y el “Señor X” ).

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