Ayer, 22 de agosto a las 13,25 horas, el cielo amenazaba tormenta, y en tales circunstancias la mezcla de los rayos de sol con las nubes transmite una luz muy especial que no se consigue en ningún otro momento del día. Así estaba la Plaza del Instituto, conocida como El Parchís, y que en época de la dictadura se denominaba Plaza del Generalísimo.
Hoy al atardecer el día seguía amenazando tormenta; y resulta muy extraño que llevamos 48 horas esperando la lluvia y con el suelo seco, lo que no es normal en nuestra Ciudad.
Cada día que pasa estoy disfrutando más con el formato cuadriculado, tipo foto de Polaroid, que me permite la aplicación Instagram instalada en mi iPhone.










agosto 24th, 2012 on 9:35
Muy buenes les fotos, Fernando…
agosto 24th, 2012 on 15:36
Son muy guapes.Si además te permite obteneles el iPhone, pues estupendo!
agosto 24th, 2012 on 20:32
Siempre a punto, Fernando, mirón que eres un mirón, un paparazzi de la calle, de las nubes, del viento y de la lluvia, del sol y de la luna…
Hay observatorios y “especulaciones” que e agradecen mucho.
agosto 25th, 2012 on 11:06
Toda plaza es un estado de ánimo, me decía un amigo arquitecto que tuvo el acierto de hacer su tesis doctoral a contracorriente en los años ochenta. La tituló “La Arquitectura del Humo”.
El humo como metáfora y origen de la cultura, y como referente del desarrollo humano. El humo y el fuego como la parte efímera que crea el espacio de vida y de identidad.
La plaza es la otra parte de esta inmaterialidad humana, donde a cada momento se metabolizan todo tipo tráficos, empatías, gestos, sonidos , texturas, estilos y afectos humanos en un lenguaje reconocible. La plaza es una atmósfera en movimiento y el reflejo de en un estado de ánimo sometido a la luz que cambia con las horas. Hace años que he cerrado este debate con mi amigo y estamos de acuerdo.
La foto de la Plaza del Parchís es una metáfora tentadora del espacio y de los edificios. Walter Benjamin, en el capítulo dedicado a los Espejos del Libro de los Paisajes escribe sobre la luz que reina en los lugares ( en las calles y plazas) y como los cristales se vuelven espejos. Espejos desde donde observamos el espacio libre de la calle reflejado como un arte volátil de la apariencia de los edificios hacia su interior. Y todo esto ocurre a través de ventanas y puertas.
Dice W.B. que “ allá afuera se derramaba la corriente verde y transparente, llenando las calles hasta lo alto de las casas /…./ Las calles (y las plazas) parecían extraídas de un antiquísimo libro ilustrado; casas góticas con sus altos tejados apuntados y estrechas ventanas alineadas o en diagonal…” Por un momento hay una interpretación en este texto de la foto.
Ésta plaza , forma parte de mi infancia. Y cobra fuerza cada vez que en sus edificios, como espejos ,veo reflejadas partes importantes de mi vida. Fui un alumno del hoy llamado Antiguo Instituto Jovellanos, y este lugar fue mi espacio de socialización inicial y desfogue después de las “apasionantes” clases de latín y francés de las profesoras y hermanas De Luis. O de la asfixiante y aterradora mirada del jefe de estudios, un cura envuelto en negro y tieso de nombre Don Félix.
Observé esta plaza y sus edificios con detalle más de un domingo, cuando éste personaje inclasificable nos castigaba toda la tarde en una de las aulas. Un castigo tedioso que uno superaba desde uno de los ventanales y que me sirvió para reconocer la plaza de cabo a rabo.
Con el tiempo me interesaron otros reconocimientos más transcendentes: “ los reflejos” de sus arquitecturas y el espacio de la plaza como pieza central de la historia urbana. Eso fue un verdadero hallazgo.
A esta Plaza del Parchís se le puede aplicar la afirmación universal que tan bien describió Leonardo Benevolo en Los Orígenes del Urbanismo Moderno. Dice, “ la historia del urbanismo moderno es en sus inicios una historia de hechos desnudos: los cambios producidos de forma gradual por la Revolución Industrial en la ciudad, sólo se desvelan como enigmas mucho más tarde, cuando éstos en juego se han vuelto suficientemente complejos”.
Pero ésta es otra historia que vuelve la mirada hacia las “imitaciones” de los ensanches urbanos dibujados desde París en el sXIX. Si tenéis curiosidad, una lectura útil será El Vientre de París de Emile Zola.
¡Larga vida a la Plaza del Parchís!
agosto 26th, 2012 on 1:30
Evidente: hay obervatorios, obervadores y especuladores críticos que se agradecen mucho. Fernando muestra una imagen y Kaikoia le pone palabras y memoria. Estupendo.
Siempre tuve nostalgia de algo que nunca estuvo en mi experiencia directa de infancia y adolescencia: la escuela y la plaza. Quizás por eso valoro (tal vez en exceso) la escuela y las plazas.
agosto 26th, 2012 on 13:07
Las plazas son el corazón de los pueblos, el latido constante.
¡Larga vida a las plazas!
agosto 28th, 2012 on 13:52
¡Qué memoria k.! La Mayuca, la Güiti y el hijo puta del Félix.
agosto 28th, 2012 on 20:48
Toño, veo que conoces al “personal” de la época….
Pero he de decirte que también tuve excelentes profesores. Me acuerdo de uno en especial José Caso González. Aprendíamos mucho en su asignatura de Lengua y Literatura Española. Otro que también me marcó fue Luis Pardo, pintor y profesor de dibujo. Con el tiempo descubrí su trabajo como pintor solo reconocido después de su muerte en el año 2.000.
agosto 28th, 2012 on 21:20
Toño desaparece y cuando menos lo esperamos regresa al toril a cornada de memoria limpia y a lengua viva…
No conozco a los personajes (salvo a Caso Gonzalez) pero siempre me divierten las memorias escolares.
agosto 29th, 2012 on 10:22
También tuve la suerte de recibir clases de Literatura del Sr. Caso, efectivamente excelente profesor que estructuraba las clases como nadie y al que daba gusto oir vocalizar.
Les “Mayuques y la Gamba” no me tocaron pero eran personajes muy conocidos en aquél Gijón de los años 60.
Estoy regresándo poco a poco de vacaciones e iré poniendo la lengua al dia que las cornadas son inútiles.